Inicio Entrevistas Victoria Guerrero: “Yo creo que la poesía siempre es un espacio crítico»

Victoria Guerrero: “Yo creo que la poesía siempre es un espacio crítico»

por Verboser

Una visión frugal de la poesía contemporánea de la mano de Victoria Guerrero (Lima, 1971) sobre su reciente publicación En un mundo de abdicaciones (Fondo de Cultura Económica, 2016)

Escribe: Ximena López Bustamante

Al encaminarme en el librola ruta que encontré fue una en la que el capitalismo triunfa y la poesía se vuelve el gran saldo del capital ¿En qué medida crees que la poesía es resistencia en este contexto?

  • La poesía es resistencia en la medida en la que uno tercamente persiste en ella. Ser poeta es la mayor transgresión en este momento, porque puedes quedar en un espacio marginal o solitario, pero creo que es buen momento para ser necio en ese sentido.

Tocando un poco el tema de la marginalidad que refieres hacia el poeta y hacia la mujer, ¿Funciona para ti la poesía, como arma, escudo, o ambas?, en un contexto donde el orden hegemónico cumple como fin silenciar la respuesta de estos ante la injusticia.

  • No sé si como escudo, pero quizá es un arma en el campo literario, en el campo intelectual, en el campo de la creatividad. Más allá de eso, no creo que tenga una correspondencia contundente en la realidad, pero sí en la medida en que los lectores puedan establecer un diálogo en estos textos. La poesía puede ser todo lo que uno quiere que sea en ese momento. Para mí, no es un escudo sino un espacio más de riesgo o si quieres llamarla arma, pues llámala un arma de elucubración o de disidencia.

¿Cómo te resulta esta etiqueta que dice “poesía escrita por mujeres”? ¿Cómo entiendes esta etiqueta y cómo la ubicas en esta doble marginación?

  • Es siempre ambiguo, porque por un lado, se necesita crear estos espacios donde las mujeres puedan tener confianza, puedan leerse entre ellas, puedan sentir su propia lectura, su propia mirada del mundo sobre cómo han sido socializadas o cómo cuestionan esa socialización.

Pero, por otro lado, es el concepto bajo el cual algunas mujeres necesitan entrar para sobrevivir, aun cuando se les catalogue como un grupo homogéneo, siendo evidentemente, un grupo heterogéneo de voces diversas. Este es un riesgo, ya que como mujer cuando rechazas agruparte, vas en contra de ti misma, de cierta forma. Porque piensas que tú eres una singularidad que vas a poder competir en ese gran mundo que está enfrascado en dilemas de poder y simbologías diversas. Yo creo que no debe ser así, que debemos aprender a entrar y salir de este grupo. Es como yo lo pienso, entrar cuando se debe, apoyar y salirse también, cuando ese grupo mismo se quiera defender a partir de esa etiqueta. Sin rechazarlo, entrar y salir, sin rechazarlo porque hacerlo sería una posición reactiva, reaccionaria.

¿Es el poeta abdicando en el mundo o es el mundo quien obliga a abdicar al poeta? ¿Crees que hemos renunciado todos a esta lucha?

  • Creo que sí, pues hemos abdicado demasiado, hemos perdido demasiado en nuestras luchas políticas, sociales y también culturales, por eso la literatura ha perdido mucho espacio, por eso la literatura tiene que transar con la trasnacional, con el mercado. Por eso, creo que sí, que vivimos en un mundo de abdicaciones. Esto es una constatación de lo que ha ocurrido, porque el mundo de hoy es un mundo de hedonismo, y quién no está tentado por el hedonismo, creo que todos.

La poesía como un arte de la pobreza

¿En qué medida la poesía (resistencia) podría ubicarse ante esta tentación del poeta a la resignación o al que levanta consignas ante las injusticias?

  • Bueno, no sé, creo que cuando escribí este libro, tenía este pensamiento más hacia la frugalidad, hacia el no consumo, bueno todavía lo tengo. Pero, ya que como la poesía también es este lugar necio de resistencia, en este espacio de sustitución permanente y consumo, de cierta forma también mi vida debía ser de esa manera, debía ser como no consumista, frugal. De todas formas, ser profesora implica cierta frugalidad, sin punto de derroche. También plantearlo desde un punto de vista ético y político porque implica la vida, no solamente la escritura, creo que iba por ahí el sentido de la frugalidad. En cierta posición narcisista ser difundido, conocido y leído, creo que esa es la mayor tentación del poeta.

 También parece existir un salto de lo político a lo ascético de la voz poética, ¿Hay alguna posibilidad de que se le vea a la poesía como un ejercicio purgativo?

  • Para mí, personalmente, no. Yo no creo que la poesía me va sanar, ni nada de eso. O sea, al contrario, he conocido a poetas que están bien locos y que no se han sanado con la poesía. Pero, de hecho que sí creo en una capacidad terapéutica, porque puede haber gente que se junte para escribir y que esa escritura pues calme cierta ansiedad o ciertos temores.

Depende, también, cómo se lea la poesía, hay cosas que, en realidad, en la poesía que – además es un espacio de condensación- uno no puede controlar. Uno puede controlar hasta un punto pero luego hay cosas que se escapan. Creo que tiene mucho que ver con la psicología, el psicoanálisis, cosas que se van a escapar por ahí. No todo es una cuestión meramente de principios, hay cosas que simplemente se van a manifestar. Eso es, digamos, que el exceso de lo poético no es totalmente legible al 100%.

Hablemos del término transacción mercantil, ¿Qué significado toma este término en el libro?

  • Bueno, era la idea de poner a la poesía como este espacio que no puede ser porque no tiene las características que el mercado plantea hoy. Un mercado donde solamente se queda en la superficie y no se puede profundizar porque todo se convierte en algo del pasado inmediatamente. De pronto, consumes algo y ya es pasado y se restituye por algo nuevo. Así es la vida de hoy.

Claro, ahora también vivimos en la era de rescatar el pasado, pero como un souvenir. No sé, toda la cuestión de los hípsters, incluso aquí en mi casa tengo muchas cosas antiguas, hasta resultan fetichistas, ya que no tienen ningún uso, ningún fin. También vivimos en paralelo a este rescate, cierta “nostalgia” aparente por ese pasado. Esta “nostalgia” que viene de la mano y engullida por el mercado que aprovecha cada “nostalgia” para seguir produciendo. Hay esta cuestión muy abarcadora, muy de engullir todo. Entonces, es muy difícil mantenerse en un espacio de resistencia, es muy difícil, pero no digo que sea algo imposible.

Solo para reforzar, ¿Por qué la poesía no debe ser una transacción mercantil?

  • No es que no debería. Nunca no lo ha elegido, nunca lo ha sido, quizá por ciertas características en las que el acceso a ella fue difícil aunque tuvo momentos de mucho impacto en diversas sociedades. Sobre todo, en esta función que se le ha dado al poeta de ser como una especie de agente, enviado, el iluminado; eso ya cambió a lo largo del tiempo, ahora el poeta es un ciudadano cualquiera. Pero, de todas maneras, creo que sigue teniendo un peso muy simbólico en la sociedad porque el poeta siempre va a ser visto como un sujeto que no cumple las reglas, que puede ir al caos pero también puede ser creativo. Entonces, siempre va permanecer en esa ambigüedad.

“Yo creo que la poesía siempre es un espacio crítico, sea la poesía más tradicional que se quiera hasta la poesía más rupturista, creo que siempre va ser un espacio crítico”.

ESCOMBROS

¿Cuál es el significado que toma escombros en la estructura del libro y la relación con la carátula?

  • Bueno, es un poema largo que yo tenía escrito en varios fragmentos, y que decidimos incluirlo en la edición de este libro; y claro, va muy de la mano con la carátula del libro, con esta cuestión política que por un lado queda ahí como congelada, como una fotografía en un espacio en ruinas y tiene mucho que ver, justamente, con esta idea del escombro, con la ruina de lo que queda de la poesía. Estos fragmentos, estos espacios son también como ruinas, pero también cómo construir o cómo reconstruir a partir de la ruina, o cómo reconstruirla en mi poesía. Escombros sería como ese espacio intersticial que está tratando de reconstruirse o de rehacerse a partir de esa ruina. Y la ruina viene de muchas cosas, de la ruina del lenguaje, por ejemplo, la ruina de una estética anterior, de un concepto de la poesía anterior hacia otro lado, – que todavía no sé de qué cosa es-, y también la reconstrucción de un sujeto que este caso sería “Victoria”. Cómo se reconstruye a sí misma.

¿Por qué renunciar a la “Victoria” intelectual en el poema?

  • Bueno, porque creo que cualquier decisión implica también un sacrificio. Pero si lo tomas desde el punto de vista que Victoria es una intelectual y que quiere renunciar a esto, podría ser como ese momento donde siempre estás como en una cuerda floja, donde tienes que siempre estar en una especie de crisis. Es este escombro que está en crisis, preguntándote si este fue el camino correcto o no. Porque tomar estos caminos implican que una renuncie a narrativas con las cuales ha sido educada y entonces una debe preguntarse qué es lo que realmente desea hacer y si esto también es una imposición sobre ello.

¿Alguna intención con el poema desplegable de ESCOMBROS?

  • Yo quería hacer algo así como una cartografía de mi escritura, cómo se relacionaba con las lecturas o los poetas que me habían influido, porque entendía que los poetas no solo me han influido en la literatura sino también en la vida misma. También está la idea de la sobrevivencia, no solo está la idea de la vanguardia que era la vida & la poesía y la poesía & la vida, sino también está en el sujeto contemporáneo, la sobrevivencia.

Eleonora Cróquer dice que Victoria no habla en los poemas, sino que escribe la poesía-cuerpo, ¿Cómo lo definirías desde tu posición? ¿Qué es para ti la poesía- cuerpo?

  • Bueno, el cuerpo es todo en mi poesía. Si lees “Un arte de la incomplaciencia”, desde ahí parto de ideas como la enfermedad, la incursión del poder científico en el cuerpo, etc. En los poemas actuales, en cambio, hablo del cuerpo de la mujer, la construcción de este, el deseo, la sexualización. Romper con esta disciplina sobre nuestros cuerpos, desde que nacemos, si eres una niña, debes usar esto, tienes que comportarte de tal modo, usar tales y cuales colores. Y luego cuando eres más grande, tus padres te cuidan de la sexualización. A tu hermano no lo cuidan pero a ti sí. Hay un control del cuerpo, desde que se nace. Por eso, creo que, por ahí, está el porqué de esta presencia del cuerpo en cierta poesía de las mujeres.

El lugar de un poeta en un mundo de abdicaciones

¿El título del libro es una consigna de la renuncia a las ideologías o es un llamado de atención a retomar estas?

  • Creo que es como una evaluación más emocional del lugar que ocupa el poeta como un sujeto contemporáneo, en el sentido de cómo se ha construido a partir de ciertas jerarquías, y cómo tiene que sobrevivir en el mundo de ahora, a través de la precarización del trabajo, por ejemplo, no solamente para el poeta sino en general. El mundo es precario, el mundo laboral es precario, pero digamos que hay una especie de tabla de salvación que sería este lugar metafórico de La casa roja,que es el espacio de resistencia a través de lo reciclable, o sea lo que puede volver a ser utilizado y la poesía también como un espacio de lo reciclable, de reutilizar el lenguaje.

En una entrevista dices que La Casa Roja es un poema que simboliza lo más preciado de tus sueños y recuerdos, algo así como una cajita de cristal. ¿Cómo es que al final del libro esta Casa Roja se vuelve una Casa Roja Reciclada?

  • Que La casa roja sea reciclada quiere decir que vuelve a usar de lo mismo, que no bota ni consume más, sino que vive con lo que tiene, que se vuelve autosuficiente con lo que posee. La casa roja puede vivir en uno mismo, -porque en el poema ESCOMBROS dice que, incluso, el sujeto se la come-, pero también es una geografía real, en una calle real y creo que todo eso surgió a raíz de que me yo me mudé a Pueblo Libre hace casi 4 años.

Con vecinos muy distintos a los que yo he tenido, de un nivel socioeconómico distinto, personas de la tercera edad. En esta calle hay pocos jóvenes y la mayoría son taxistas. Pero bueno, cuando yo llegué acá, ellos me vieron como alguien muy diferente porque yo era un poco más joven, porque mis visitas son muy distintas, y todas esas cosas me hicieron reflexionar acerca de la pobreza, de la austeridad.

Por acá, mis vecinos son muy anárquicos, por ejemplo, mi vecino, el domingo, si se le da la gana puede poner la radio a todo volumen a las 8 de la mañana, mientras que otros vecinos, tal vez, quieran descansar. También hay un lado así de la convivencia en el Perú en el que se pierde el lado dulcificado de la pobreza y la austeridad. Por un lado, sí hay una posición ética respecto a esto, pero por el otro lado, el hecho de que no hayan normas de convivencia, genera muchos conflictos con esos otros sujetos.

 “La poesía es una cuestión de parir una escritura que ha ido cambiando a lo largo del tiempo. Quizá en cierto sentido, la escritura me ha sido mucho más fácil de enfrentar que la propia vida”.

¿En qué medida tu labor académica circunscrita a un sistema capitalista, que te ubica en una planilla, te distancia, fortalece o determina tu concepto poético? ¿Qué lugar tiene un poeta en un sistema así?

  • La verdad no sé si el asunto va por ahí. Son dos cosas muy diferenciadas, claro que hay una relación entre mi trabajo y la escritura. Y en un país como este, la verdad que se agradece poder trabajar en lo que, realmente, uno hace. Como puede ser bueno, puede ser malo. Tengo muchos colegas que además de hacer literatura, tienen otros trabajos como publicistas y otros. No me parece discordante, ni disonante. Ahora, en el espacio de la vida el asunto es que tú ya no eres reconocido como trabajador, todo eso ha cambiado, por eso habló del mundo de abdicaciones, ahora tú eres un colaborador, y ser un colaborador implica que tú has perdido ciertos derechos en el mundo laboral. Y eso sí es un problema. Ciertos derechos que te permiten tener una vida un poco más justa, acomodada, sin tener que estar preocupándote por lo que mañana va pasar. Y que, también, tu escritura vaya de la mano de eso aun siendo algo precaria.

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