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Una respuesta abierta a «Los enanos también empezaron pequeños», de José Carlos Yrigoyen

por Verboser

En el número de diciembre de la revista Letras Libres el crítico y escritor José Carlos Yrigoyen escribió un artículo en siete puntos en el que criticaba la actitud de la poesía peruana joven actual. El artículo fue difundido en fotos compartidas por el colectivo Anima Lisa. Esta es una respuesta abierta, hermosa y muy extensa.

 

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¿A qué se refiere José Carlos Yrigoyen cuando afirma que una cosa muy distinta es peternecer o ser parte de un colectivo poético en los años 70 u 80 y recibir la atención de revistas (que ahora están en decadencia o en camino a) como Gente, Oiga o Caretas; que el hecho de estar en uno hoy en día, y recibir likes y comentarios Facebook? En primer lugar, podemos decir que aquellas revistas representaban cierto intelectualismo respetado y que así junto con un circuito cultural, bautizaban a poetas y movimientos, algo que para esta época está lejos de suceder en las redes sociales, puesto que cualquier persona (lector, poeta) tiene acceso a ellas. También se refiere a que en estas mismas redes, cuya información se encuentra organizada en términos de amistad y gustos, todos los que ven las publicaciones de estos colectivos son amigos que no le ofrecen mayor resistencia ni respuesta. En corto: la poesía peruana joven vive en una burbuja hedonista/masturbatoria y que es por ello y no solo por ciertos cambios en las estructuras socioculturales que no tiene los lectores y la acogida la cual ve con mucha y marcada nostalgia Yrigoyen. He ahí su primer error: si bien podemos darle la razón cuando afirma que todo arte necesita receptores tanto críticos como acríticos, no se da cuenta de que el contexto histórico y las formas de comunicación y recepción han cambiado inmensamente en el Perú. En los años setenta y ochenta existían toda una serie de factores, los cuales de algún modo explican la acogida que tuvieron los grupos Hora Zero y Kloaka, por parte de medios y la prensa. Si Hora Zero y Kloaka tuvieron impacto, fue en gran medida por los cambios tanto sociales como políticos, y sin embargo solo representaban un grupo reducido, que en suma está muy lejos de lo que Yrigoyen piensa cuando habla de la recepción de la poesía en aquellos años.Yrigoyen no toma en cuenta que entonces las tasa de analfabetismo era demasiado alta y las diferencias sociales, abismales, y partimos de ello para desbaratar su gran utopía donde la gran mayoría de peruanos leían poesía y que por ello la poesía estaba en los diarios. Falso. Nada más alejado de la realidad. Hoy, por el contrario, vemos que todo se ha democratizado. Hoy la información se concibe desde otras plataformas y condiciones. Hablamos de una mayor cantidad de personas que tienen más acceso a mayor información variada y de toda índole. Muchas de ellas tan solo les basta encender sus smartphones o revisar cualquier red social, entre ellas el Facebook, para enterarse de lo que sucede. Y ello, aunque puede mostrarse como un arma de doble filo también ha cambiado la forma en cómo interpretamos los diferentes sucesos en la vida, y los discursos que empleamos para abordar la realidad. Los medios y la prensa por consiguiente también han comprendido el efecto de lo virtual, y han suprimido de sus espacios, en parte, los temas de índole cultural para sustituirlas por otro tipo de información, algo que de algún modo ha generado una reacción por parte de los actores sociales. Así vemos que existen una cantidad considerabe de blogs de difusión de literatura, colectivos de arte, páginas de Tumblr, que han aparecido con el propósito de reemplazar y llenar los espacios que la literatura ha ido perdiendo en los principales medios. Sin mencionar que también hay espacio para críticos en el twitter, fb, etc. (entre ellos, Yrigoyen), cuya opinión tiene más acogida que una nota publicada en El Dominical. Hoy todo se lee de otra forma.

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Una vez dicho esto, el resto de los argumentos de Yrigoyen parecen ser inválidos, pues parten de una miopía fundamental.  Para Yrigoyen la poesía en este último tiempo no es parte del debate ni de la vida. Como explico arriba, el debate ahora es distinto y está condicionado a otros fundamentos. Es más disperso y fragmentado, pero existe. Y no existe por la sobrexposición de sus poetas o por las interacciónes de unos cuantos amigos de infancia de los miembros del colectivo Sub25 que comentan sus posts en el fb con emojis, memes, etc; existe porque hay gente que lee los libros que Sub25 recomienda, existe porque hay críticos de blogs, como mencioné lineas arriba, -Transtierros / Anima Lisa (Perú), Playgroundmag (España), por mencionar algunos- que reseñan aquellos libros y los inscriben en nuevas maneras de hacer poesía, de entender el fenómeno poético en estos tiempos; existe, también, por la reacción que han generado en críticos y lectores de a pie que no leen esos libros, sino que más bien redactan artículos criticando sus posturas y manifestando las suyas, en discusiones que toman lugar en el mismo espacio de donde se generan otras. ¿Qué es eso sino un debate? Y sin embargo, para no imponer la idea de la redes sociales como espacio donde ocurre todo, es necesario saber que también hay eventos y ferias paralelas como la Anti-Fil, en la que muchos colectivos y escritores, infinitamente disimiles entre sí, se reúnen a presentar y discutir sus ideas. Yrigoyen podría decir que estas son plataformas alternativas, pero la vida hoy en día es alternativa. Y la poesía joven está unida a ella.

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Yrigoyen no quiere ser malinterpretado. Por eso nombra a varios autores que quizá no son, a primera vista, vitalistas o atractivos, pero que, según su criterio, sí son trascendentes. Y afirma luego que el problema de la poesía peruana actual es que no hay una autocrítica, que cada colectivo señala un camino, una realidad, y que si alguien no está de acuerdo con ella, es ignorado. En esto nuevamente se equivoca. Primero porque, aun a pesar de ser muy activo en sus redes sociales, no parece conocer las posiciones de estos colectivos. Muchos de ellos y sus miembros han cambiado de posturas en todo este tiempo. En un principio, la Alt-Lit (Literatura Alternativa) fue un modelo para muchos escritores jóvenes que fueron influenciados por poetas como Luna Miguel, Ellen Kennedy, Noah Cicero, hasta cierto punto, cuando fue criticada y hasta demonizada, de la misma manera que la denominada Poesía del Lenguaje. Este es un proceso normal. Parte de la definición de juventud es la búsqueda de una identidad. Y esa búsqueda es subjetiva, intrincada y hasta sucia. El tema es que esa búsqueda produzca poesía interesante. Y, a mi modo de ver y al de muchos de los lectores -que no son solo jóvenes- lo ha logrado. Y básicamente que Yrigoyen no le guste la poesía actual resulta algo irrelevante.

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La poesía peruana joven, entonces, desterrada según Yrigoyen a un ningún lugar, se limita a presentar sus ideas sin ningún tipo de sustento, ideas que solo sirven para justificar las propuestas poéticas de sus compañeros en armas, las cuales, para colmo, sostiene, no tienen “reverbero en la escena literaria”. ¿Cómo puede asumir que no tienen reverbero en la escena literaria? Porque cree que él es la escena literaria. Él y sus compañeros en armas, a los que siempre reseña, como Renato Cisneros o Jeremías Gamboa. Así que resulta paradójico que hable y acuse de amiguismo. Todos, de alguna manera, hemos caído en amiguismos. Lo importante es darse cuenta de ese amiguismo y corregirlo, desterrarlo, antes de que, como sucede en los ámbitos oficiales, invisibilize propuestas distintas e interesantes. Y los grupos/colectivos de poesía se han percatado de ello y están revirtiendo este problema. Este espacio acaba de publicar una antología de poetas que fueron invitados al Festival Enero en la Palabra de Cusco este año. La mayoría de esos poetas no son de Lima, dejando el centralismo de lado, algunos son de otras partes, fuera del Perú, y de hecho sus estilos son muy distintos entre sí. El portal Sub25 asimismo, en su última lista de los mejores poemarios del año 2017, ha destacado tanto a poetas jóvenes como a otros ya establecidos, algunos de Lima y otros de provincias, ya sean autopublicados o respaldados por editoriales más conocidas como Paracaídas. Ello, a mi parecer, significa una evolución más allá del que muestra Yrigoyen, haciendo nostalgia de autores del siglo pasado o guiándose bajo conceptos caducos en sus listas a fin de año.

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Llegamos al punto más interesante. En un artículo sobre la vacuidad de la poesía peruana joven el punto central debería ser los libros y los autores de la poesía peruana joven. Yrigoyen, no obstante, solo les dedica unas cuantas líneas a dos nombres dentro de un mar de poetas y escritores jóvenes que, al parecer,  él no se ha tomado el tiempo de conocer/investiagar. Si tuve la consideración anteriormente de nombrar al colectivo Poesía Sub25 es porque me temo que es el único que Yrigoyen conoce. De hecho, solo parece conocer a Roberto Valdivia y a Valeria Román, quien, además, hace mucho que ya no es parte del mismo. ¿Cuál es aquí la acusación? Que, si bien el grupo prometió o se promocionó como una revolución de escritura experimental, solo da, según afirma, remedos de lo que ya se hizo en los años 70 y 80 en el Perú. Y aquí nos damos cuenta de algo clave. Yrigoyen no solo no lee poesía peruana joven, no lee poesía joven en general. No se percata de que si bien hay poetas peruanos que han influido considerablemente a los poetas contemporáneos, muchas de las lecturas de estos autores están lejos de nuestras fronteras. Valeria Román, por ejemplo, tiene una mayor relación con poetas como Tao Lin, Ellen Kennedy o Berta García Faet que con Dalmacia Ruiz Rosas o cualquier escritor peruano de los ochenta. En cuanto a Roberto Valdivia, es cierto que su libro [MP3] parte de un homenaje a propuestas del siglo pasado, más que nada en el ámbito del rock, como la de David Bowie. Sin embargo, su última “publicación” dista mucho de su primera entrega. Yrigoyen por su parte parece ser ciego ante esta. Quizá precisamente porque solo apareció en Internet y fue construída bajo sus elementos. En cuanto al resto de autores, no son mencionados, o son invisibles para él. No existen. Yrigoyen apenas acusa a algunos, sin dar nombres, de ser imitadores de Montalbetti o de la Alt-Lit o simplemente de ser flojos. Y eso es suficiente para decir que toda la poesía peruana joven está en crisis. No, señor. Para afirmar algo así hay que leer. Hay que leer a todos estos autores, que se diferencian muchísimo entre sí. ¿Se puede decir realmente que Santiago Vera es un imitador de Montalbetti? ¿Que la propuesta de Jorge Castillo, miembro de Mutantres (otro colectivo inexistente para Yrigoyen), no es fresca y atrevida? Repito: es necesario leer poesía peruana joven y entender que la literatura no se basa ahora ni se ha basado nunca en una serie de autores-causa y autores-efecto, que la intertextualidad funciona en distintos niveles y de distintas maneras. Que J. Estiven Medina Ortiz tiene más que ver con David Meza que con Rodolfo Hinostroza, que Kevin Castro formó parte de una red de poetas internacionales, muchos de los cuales, como Luna Miguel en España, son ahora voces importantes y establecidas.

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No creo, finalmente, que a Yrigoyen solo le guste Washington Delgado. Considero a Yrigoyen un crítico receptivo e inteligente. Su problema, a mi modo de ver, es que no está atento a la vida, a la vida actual y por esta razón no entiende la poesía actual. Decir que estos nuevos colectivos tienen propuestas que no se justifican y que se llaman renovadoras siendo solamente copias de otras más antiguas que ellos mismos critican resulta sencillamente absurdo. No he leído un artículo de ninguno de los colectivos mencionados como un ataque al pasado. El pasado no tiene por qué ser atacado, no tiene que ser superado. Cada tiempo exige su expresión artística. Lo que estas propuestas jóvenes critican es que las voces oficiales de hoy no responden a su tiempo; que los “intelectuales” como José Carlos Yrigoyen no se dan cuenta de que el mundo, desde lo más elemental, como la comunicación, ha cambiado y, sí por un lado, se ha fragmentado, pero también se ha abierto hacia otros lados, se ha democratizado. No entienden que ahora, a partir de leer Norcorea o Placlitaxel o Salinger o Feelback o Showman o Starfuckers o El Libro de las Opiniones, hay una cantidad considerable de lectores/creadores que se atreven a abrir sus laptops, ignorar los contactos de Facebook por un instante, y escribir, escribir mucho e indentificar su lugar en la poesía peruana. Sin duda, estamos en crisis. La poesía siempre debe estar en crisis. Sin embargo, yo entiendo esta crisis como una oportunidad invaluable.

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José Carlos Yrigoyen nos llama a reflexionar. Y sin lugar a dudas, nos resulta necesario hacerlo. Hay que escribir, hay que evitar los facilismos y las vacuidades: estas siempre son un peligro. Suceden por ejemplo cuando se critica la poesía peruana joven sin haberla leído. Pero, ¡hey!, todos tienen derecho a manifestar una opinión e Yrigoyen tiene derecho a la suya y tiene derecho a utilizar su plataforma “oficial” como él prefiera hacerlo. Así como nosotros tenemos derecho a usar la nuestra “alternativa” como se nos plazca. Y ahora la queremos usar para invitar a José Carlos a debatir. Amable y civilizadamente. Debatir. Es muy probable que no cambie su forma de pensar. Pero creemos que es bueno que, por lo menos, nos conozca.

José María Salazar Núñez

 

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