Inicio Poesía Un día negro en una casa de mentira | 5 poemas de Elena Medel

Un día negro en una casa de mentira | 5 poemas de Elena Medel

por Verboser

Elena Medel (Córdoba, 1985) es poeta, crítica literaria y editora española. Ha publicado los libros de poemas Mi primer bikini (2002), Tara (2006) y Chatterton (2014), por el que recibió el XXVI Premio Fundación Loewe a la Creación Joven, y los cuadernos Vacaciones (2004) y Un soplo en el corazón (2007). Actualmente edita y dirige La bella Varsovia, una de las editoriales de poesía consideradas de mayor prestigio.

 

MI PRIMER BIKINI

Sólo yo sé cuándo sobrevivimos.
Lo sé porque mis dedos
se transforman en lápices de colores.
Lo sé porque con ellos
dibujo en las paredes de tu casa
mujeres con rostro de epitafio.
Porque, a la caricia de la punta,
comienza el derrame de los cimientos
formando arco iris en la noche.
Porque, al escribir testamentos
en el suelo, se remueven las vísceras
de azúcar, y trepan tus raíces.

Grabo versos de colores fríos
en tu piel, de arquitrabe a basa,
y les llueve y los diluye, y compruebo
que la lluvia suena como hacen al caer
las canicas brillantes y naranjas
que cambiaba en el patio del recreo,
poco antes de calzar mi primer bikini.

Hoy guardo las canicas, como un apagado
tesoro, en los huecos de otras espaldas.

Pinto también en la terraza de enfrente
un jardín de lápidas cálidas y hermosas.
Trazo como una medusa de bronce,
un paraíso de cadenas hendiendo en mantillo
el valle diminuto que proclama que es frágil
y sin embargo, dirás tú, sobrevive.

 

UN CORAZÓN PERVERSO OCASIONA PESARES, PERO EL HOMBRE DE EXPERIENCIA LE DA SU MERECIDO

Un domingo por la tarde, en la cocina, decidí contar los años
que llevaba viviendo: yo trazando muy fuerte cada fecha
en mi muñeca, una, dos, tres, hasta catorce.
Como si los centímetros supiesen matemáticas, como si cortar
la distancia entre el suelo y mis venas multiplicase la
capacidad de mi orgullo.
Un gesto declarante: catorce vías de escape, iguales a catorce
decilitros más de confianza desbordándose en mis brazos
de cristal.
Sobre mi muñeca apliqué técnicas asimiladas en las clases de
tecnología:
escuadra y cartabón, corte a corte en perpendicular a cada trazo azul.
Con un cuchillo
hasta catorce años
me conté.
Mi frente es la página de una novela de terror.
Cordilleras en rústica, accidentes
bibliográficos, dobleces para sucumbir, cabeza baja, rodilla muy al fondo de la tierra.
Está escrito un, dos, tres
supervivencia de mi cordura contra la amenaza líquido
Inaudito triunfo, grandes titulares en la prensa, luto sobre el papel.
Mamá, yo de espaldas a ti seguía contando escondida bajo la encimera
frente al espejo con las manos extendidas
mientras la sangre de tu sangre goteaba hasta alcanzar catorce años.
Alégrate que sobre los azulejos de la cocina
tu hija señala su camino, dibuja su cartografía
trucos de películas de ciencia ficción para desviarme del rumbo celestial.
¿No te alegra que yo sueñe buscando vidas nuevas
más felices mientras cuento lo que falta para acabar con todo?
Una, dos, tres
hasta catorce gotas sobre el suelo
alegran el corazón el corazón triste y oscuro.
Cuando busque trabajo, cuando encauce mi vida
especificaré en mi currículum que existo siete veces.
Ojos grandes, uñas largas clavadas en madera
erizos en la espalda, que nadie me haga daño.
Una balanza de recuerdos
a la izquierda te niegas a creer en la verdad,
a la derecha tu abrazo al oso de peluche
cuando mamá apagaba la luz dando un portazo.
Así suena cuando es cierto, por ejemplo este dolor
no puedo olvidar lo que ha sido mi vida.
Pronunciar serotonina fue convertirme en otra
periódicas conversaciones con nuevos amigos
visitas al baño, derrumbarme.
Mi vida se compone de varias extrañas personas
que comparten problemas.
Mi vida transcurría respirando sustancias químicas pequeñas
como muñecas rusas cabezas cerradas que angustian mi garganta
versus estómagos abiertos repletos de buenas intenciones.
En mi segunda vida yo dejé de llorar
cada noche me veía contando mis catorce años de espaldas a mamá.
Soy un bebé asustado
mi corazón un hotel de dos estrellas
intento acostumbrarme a vivir sin el eco
duermo con tranquilidad, sueño años veinte.
En esta tercera vida
escribo poemas, duermo en hoteles
me embarco en relaciones sin futuro
una persona normal o eso me dicen
mi corazón perverso se ha calmado.

 

IRÈNE NÈMIROVSKY

Yo soy Elisabeth Gille llorando tu marcha:
éstas son mis cartas de cumpleaños quemadas.
Yo soy tu hija pequeña sin regalos de Navidad.
Persiguiendo a los nazis, saltando la valla.
Yo soy David Golder arruinado tras tu muerte.
Yo soy un acorde de piano cualquiera
que, de repente, en Issy-L’Evéque que suena.
Yo soy Danièle Darrieux tirándose a un ministro nazi.
Yo soy la familia Kampf en un baile malogrado.
Yo soy las lágrimas que derramaste
en una cámara de gas en Auschwitz.
Yo soy el espíritu de la mala suerte.
Yo soy, como tú, una judía atea.
Yo también me exilié por la guerra.
Y soy un susurro al oído y un cuento de Chejov
y las moscas del otoño en un suburbio de Moscú
y soy un perro y soy un lobo
y soy un trago de vino de soledad…
Y soy tu todo y soy tu nada.
Y soy el cabrón alemán que te mató.
Y el germen de la semilla de tu ser.
Yo también me marché de Kiev.
Yo soy tú y a la vez yo.
Yo soy un insecto que por noviembre
merodea en los crematorios.
Yo soy la elegancia, el clasicismo y la frescura
de la boca que Hitler mandó callar un día.
Yo soy Grasset quemando todos tus fonemas
cuando tus hijas aún duermen a tu sombra.
Soy tu mano que acaricia sus cabellos
y que, dedos traviesos, imagina un nuevo cuento.
Y digo que este poema es Irène Némirovsky
lo mismo que yo soy Finlandia en 1918
y tú eres un corazón más en un mundo vacío.

 

CHATTERTON

Mentí durante diecisiete años. Mentí después
en todos mis poemas. He mentido durante los diez
años siguientes. Acércate, soy
como tú. Escucha como late mi corazón
perverso: mudanza en platitos
de papilla de mamá. Aliméntame,
compréndeme, yo vestía unas ropas que nunca fueron mías,
yo escribía en un idioma ajeno, pequeña, tonta,
qué mal memoricé: con mis poemas levanté un imperio.
Pero todo acabó. ¿Quién soy ahora?
Engañaste durante diecisiete años; antes de los míos
comencé yo a mentir. Un abanico con telas de Oriente
para mi hermana. Para mi madre araña compraré moldes de costura.
Tabaco que recubra los pulmones de mi padre. ¿Quién soy realmente
ahora? He soñado contigo algunas noches.
Te prometo que si salgo visitaré tu tumba. Ahora sí que
no miento. Ahora sí que no.

 

CURSO DE SUBMARINISMO

Como anticipo a la pérdida,
un corazón que flota y sobrevive
a la riada de sueños encerrados en burbujas.

Como coraza contra la victoria,
agendas que no abandonan su jaula de jabón,
muertas sobre la placa de la ducha.

Hoy es epílogo

las horas construyen su ataúd junto a mi almohada.

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