Inicio Cine ¿Por qué tan serio? El joker y su abuelo emancipador de Cuba

¿Por qué tan serio? El joker y su abuelo emancipador de Cuba

por Verboser

Escribe Oleski Miranda

El filme Joker (2019), con Topp Phillips como director, es un drama con Joaquín Phoenix en el rol principal enfocado solo en el popular psicópata de la serie. Este controversial y sonado “spin-off” del conocido comic del hombre murciélago, ya apunta como la nueva joya de este subgénero cinematográfico. En versiones anteriores el pintoresco villano llegó de la mano de reconocidos actores como Jack Nicholson y Heath Ledger. Nicholson, es recordado por redefinir el personaje en el Batman (1989) que dirigió Tim Burton.  Por otro lado, la actuación de Ledger en la laureada Dark Knight (2008) de Christopher Nolan es considerada la de mayor resonancia alcanzando un premio Oscar póstumo como mejor actor de reparto. 

Aunque la lucha de estudios como Marvel y DC ha llevado al límite el imaginario de superhéroes y criminales a un público global, pocos conocen que un actor hispano fue el primero que interpretó en pantalla el lioso personaje del Joker. Cesar Romero actor de origen cubano nacido en Nueva York lo caracterizó entre 1966 y 1968. Sin ser el único villano de la serie, Romero se convertiría en la gran contrafigura de Adam West en la popular franquicia de la cadena ABC con una audiencia de 14 millones de televidentes.  

Con más de 100 roles en películas y series de televisión la historia familiar de Cesar Romero guardaba hasta hace poco un legado del que se hablaba entre dientes.  Su madre María Mantilla era la hija biológica del gran poeta, intelectual y padre de la independencia de cubana: José Martí. El escritor vivió década y media en Nueva York donde llegó en enero de 1880 después de un largo peregrinaje entre Europa y América Latina. A los pocos días de arribar en Manhattan conoció a Carmen Miyares de Mantilla, quien hospedaba a inmigrantes y disidentes cubanos perseguidos por el régimen colonial.  En noviembre de ese mismo año nacería la que a hoy muchos biógrafos y exegetas del autor llaman “la niña de Nueva York”, la misma que se convertiría en el objeto de hermosas cartas y escritos del poeta. 

En su estadía neoyorquina el autor cubano experimentó gran notoriedad debido a que sus columnas y artículos semanales se diseminaban en una veintena de periódicos de todo el continente. Para 1891, el cubano dejó de publicar para la prensa continental para dedicarse por completo a organizar la guerra que definiría la independencia de la isla. Aunque muchos testimonios de la época lo señalaban como un hombre seductor y enamorado, Martí se cuidó muy bien de mantener su paternidad oculta, no solo por ser hombre casado y por respeto a la madre de la niña, sino también por el riesgo que representaba tal noticia para sus planes futuros. 

Después del abrupto deceso de Martí en batalla en mayo del 1895 poco se habló del “desliz” del héroe nacional.  No obstante, su amor por la niña era innegable, entre los objetos personales que el autor dejó en su tienda de campaña el día de su muerte estaba la fotografía de María Mantilla, quien ya adulta, hablaría de la paternidad del cubano. En una carta de 1935 Mantilla le confesaría a su hijo Cesar: “Yo quiero que sepas, querido, que él era mi padre, y yo quiero que tú te sientas orgulloso de eso.” 

Ya convertido en figura pública Romero no dejaba de manifestar en entrevistas y conversaciones la importancia de esa gran herencia familiar. Sin embargo, en los años sesenta no caía bien al oficialismo cubano el testimonio de Romero, ya que se debía mantener intacta la figura del Apóstol como así sería consagrado por la historiografía de la isla después de su muerte.  Tal recelo con la imagen del héroe consistía en evitar vincularlo con un actor de Hollywood del que se rumoraba muchas cosas e interpretaba a un payaso demente. Por su lado, Romero, no faltaba a homenajes y ceremonias que tenían como centro a su abuelo, como la inauguración en 1965 del monumento ecuestre de Martí en la Avenida de las Américas de Nueva York donde sería el invitado de honor.  

Romero murió en 1994 a los 86 años y con la nueva película se ha revisitado los orígenes del personaje. En cierta forma este nuevo joker se presenta como un homenaje al actor de origen cubano de gran estatura que modeló su carácter en la pantalla.  Elementos en la nueva versión como la estética de los trajes y la dolorosa risa así lo sugieren. El abuelo del joker en su famoso poemario Ismaelillo ya decía: “la vida incendiada, en risas se rompe”, axioma que parece muy bien haber apropiado el criminal más ubicuo del cine moderno.  

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