La entrevista de Mario Vargas Llosa a Javier Heraud

por Verboser

Durante su corta estadía en París, el poeta Javier Heraud fue invitado por Mario Vargas Llosa a una pequeña entrevista radial. En aquella ocasión, ambos conversaron acerca del panorama de la poesía peruana y el reciente libro de Heraud titulado El viaje, publicado en 1961, el cual le hizo acreedor del Premio Poeta Joven del Perú. Dos años más tarde el poeta se uniría a un grupo de guerrilleros después de su paso por Cuba, y moriría acribillado tras un enfrentamiento con la Guardia Republicana en el río Madre de Dios. Entrevista realizada en Radiodifussion-Télévision Française. París, 1 de setiembre de 1961.


Mario Vargas Llosa (MVLL). El poeta peruano Javier Heraud se halla estos días en París y esta noche es nuestro invitado. Heraud, que es muy joven, pues ha nacido solo en 1942, ha publicado ya dos libros. El primero, El río, apareció el año pasado en Lima; el segundo libro, El viaje, que acaba de ser publicado, ganó este año el premio El poeta joven del Perú convocado por la revista Cuadernos de Poesía de Trujillo. Precisamente Javier Heraud ha aceptado leer ante nuestros micrófonos uno de los poemas de este libro. Pero antes quisiéramos hacerle algunas preguntas sobre la literatura peruana contemporánea. Y como se trata de un poeta vamos a preguntarle algo en relación con la poesía de su país.

MVLL. Dígame Javier Heraud, ¿cuál es la situación actual de la poesía peruana a su juicio?

Javier Heraud (JH). Bueno, se dice que la poesía peruana atraviesa en estos momentos su mejor etapa y que tal vez es la mejor poesía que se hace en habla española. Yo creo que fuera de toda comparación, en la poesía peruana actual tenemos muchos nombres, nombres como Washington Delgado, Alejandro Romualdo, Javier Sologuren, Juan Gonzalo Rose, Gustavo Valcárcel, Carlos Germán Belli. Las tres generaciones, la del año 20, la del año 30 y la última generación, la de Naranjo, Corcuera, Razzeto y Calvo, están perfectamente unidas, y yo creo que es lo más saludable que tiene la poesía peruana actual es su perfecta fusión, sus discusiones, su cambio perenne, continuo, de ideas.

MVLL. ¿Es posible señalar ciertas tendencias en la poesía peruana contemporánea?

JH. Bueno, mucho se ha hablado de las distinciones sobre poesía social y poesía pura. Luis Alberto Ratto en un último libro sobre la poética peruana pedía un nombre no tan tajante, digamos, como poesía existencial, circunscrita a la existencia, que vendría a ser la poesía social y que es cultivada en Perú por Romualdo, Valcárcel, Rose y poesía pura, que es cultivada por Sologuren, Eielson, Belli, Bendezú. Yo creo que en la última generación, en la generación que viene del 35 al 40 hasta nuestros días, estas dos tendencias se unen perfectamente, y ya no podemos decir que poetas como Naranjo o Corcuera o Razzeto son poetas puros o son poetas sociales.

MVLL. Y ahora yo quisiera hacerle una pregunta un poco más difícil. ¿Cómo situaría usted su propia poesía dentro de estas tendencias poéticas peruanas?

JH. Bueno, en realidad es un poco difícil. No me sitúo yo, en fin, lo que veo es que tengo una intención en la poesía. Yo me preocupo actualmente por hacer una poesía narrativa, una poesía descriptiva, clara, que se enriquezca con muchas cosas, con la música, con el cine, pero que no deje de ser poesía clara, poesía que pueda ser leída por todos.

MVLL. ¿Cuáles son los autores que más han influido en usted, o mejor dicho, cuáles son los autores que más ha frecuentado usted?

JH. Debo anotar ante todo poetas como Vallejo, Neruda, entre los españoles preferentemente Antonio Machado, García Lorca y Miguel Hernández. En la poesía inglesa mucho admiro a Dylan Thomas.

MVLL. Hasta hace poco, mucho se ha hablado de la tremenda influencia de Neruda en la poesía peruana, ¿es que esta influencia sigue tan vigente como hasta hace diez años?

JH. Bueno, yo creo que efectivamente hace diez años sí se podía hablar de una influencia marcada de Neruda, pero el mismo proceso que ha sufrido Neruda tan cambiante ha disminuido mucho o ha favorecido la disminución de su influencia, pero no hay que negar que Neruda marca el principio de todo poeta que se inicia en el Perú.

MVLL. Ahora yo quisiera preguntarle algo respecto al poema que usted nos va a leer, el poema que aparece en su último libro y que se llama Mi casa muerta. Usted nos había dicho que sus intenciones poéticas eran ahora hacer una poesía de tipo narrativo, de tipo descriptivo. Dígame, este poema en el que habla usted de una casa antigua a la que describe exteriormente, ¿es un poema de tipo autobiográfico?

JH. Efectivamente, el poema fue escrito el año pasado y narra o cuenta una experiencia afectiva. La casa en que yo vivía anteriormente fue derruida y sobre esa casa construyeron otra y en este libro, en El viaje -porque en El río había escrito también un poema sobre mi casa-, pero sobre mi actual casa, en este libro, El viaje, narro y cuento cómo era mi casa, mi casa vieja.

MVLL. Escuchemos el poema Mi casa muerta.

 

MI CASA MUERTA

I
No derrumben mi casa

vieja, había dicho.
No derrumben mí casa.

II
Teníamos nuestra pérgola,
y dos puertas a la calle,
un jardín a la entrada,
pequeño pero grande,
un manzano que yace seco
ahora por el grito
y el cemento.
El durazno y el naranjo
habían muerto anteriormente,
pero teníamos también
(¡cómo olvidarlo!)
un árbol de granadas.
Granadas que salían
de su tronco,
rojas,
verdes,
el árbol se mezclaba
con el muro,
y al lado,
en la calle,
un tronco que
daba moras
cada año,
que llenaba de hojas
en otoño las puertas
de mi casa.

III
No derrumben mi vieja casa,
había dicho,
dejen al menos mis
granadas
y mis moras,
mis manzanas y mis
rejas.

IV
Todo esto contenía
mi pequeño jardín.
Era un pedazo de
tierra custodiado
día y tarde por una
verja,
una reja castaña y alta
que
los niños a la salida
del colegio
saltaban fácilmente,
llevándose las manzanas
y las moras,
las granadas
y las flores.

V
Es cierto, no lo niego,
las paredes se caían
y las puertas no cerraban
totalmente.
Pero mataron mi casa,
mi dormitorio con su
alta ventana mañanera.
Y no quedó nada
del granado,
las moras ya no
ensucian mis. zapatos,
del manzano sólo veo
hoy día,
un triste tronco que
llora sus manzanas
y sus niños.

VI
Mi corazón se quedó
con mi casa muerta.
Es difícil rescatar
un poco de alegría,
yo he vivido entre
carros y cemento,
yo he vivido siempre
entre camiones
y oficinas,
yo he vívido entre
ruinas todo el tiempo,
y cambiar un poco
de árbol y de pasto,
una palmera antigua
con columpios,
una granada roja
disparada en la batalla,
una mora caída con un niño,
por un poco
de pintura
y de granizo,
es
cambiar
también algo
de alegría
y de tristeza,
es cambiar también
un poco de mi vida,
es llamar también
un poco aquí a la muerte
(que me acompañaba
todas las tardes
en mi vieja casa,
en mi casa muerta).

                                                               De El Viaje (1961)

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