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Fernando de Szyszlo, más allá de la muerte y el arte

por Verboser

Por Lorena Marks

Más allá de la muerte y el arte

El maestro Fernando de Szyszlo falleció el pasado lunes 09 de octubre, a los 92 años en compañía de su esposa y eterna compañera Liliana Yábar. Según los reportes, la pareja fue encontrada sin vida en su vivienda en San Isidro, a dónde llegó una unidad del Cuerpo General de Bomberos para atender una emergencia médica reportada a las 4:40 p.m.

Fernando de Szyszlo Valdelomar fue uno de los más destacados artistas de vanguardia del Perú y una figura clave en el desarrollo del arte abstracto en América Latina. Nacido en 1925 en el distrito limeño de Barranco, Szyzlo se interesa tempranamente por el arte. Pronto deja la carrera de Arquitectura que cursaba en la Universidad Nacional de Ingeniería por seguir su vocación en la Academia de Artes Plásticas de la PUCP. Unos años después presentó su primera exposición en el Instituto Cultural Peruano Norteamericano. En 1947, se casó con la poeta Blanca Varela, con la que frecuentó los círculos intelectuales y artísticos de la época que tuvieron como protagonistas a E. A. Westphalen, Jorge Eduardo Eielson, Sebastián Salazar Bondy, la denominada Generación del 50. Dos años más tarde, en 1949, la pareja se muda a París y posteriormente recorren Europa en una travesía un poco tortuosa pero muy fructífera para la obra de ambos, dónde conocieron a muchos de sus contemporáneos como Octavio Paz, André Breton, Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir.  Con Blanca, tuvo dos hijos Vicente de Szyszlo y Lorenzo de Szylo, este último falleció en un accidente aéreo, suceso que marca a la pareja, y que tiene consecuencias en sus respectivas vidas.

La obra de Szyszlo fue de vital importancia para la historia del arte local. Buscó impregnar su visión particular de lo ‘peruano’ planteada por el indigenismo en la literatura -era un lector voraz- para integrarla con el arte de vanguardia, siendo el principal impulsor de una renovación artística que tuvo lugar en los años 50. Szyszlo introduce sus inquietudes poéticas en la estética de su obra, creando un lenguaje pictórico en el que convergen las expresiones del verso y el mundo precolombino en la exaltación de su enfoque por lo abstracto.  Así nace una serie de tempranas pinturas «Apu Inca Atawallpaman» (1963), basada en el poema quechua que lleva el mismo título. Cada prolífica pincelada de aquel mundo abstracto, oscuro y extraño nos llevan a viajar a través de los mundos que solía pintar por horas con gran esmero. Con más de 70 años pintando sin parar, su vida y obra artística pasan a nuestra historia como lo que los eternos maestros nos suelen dejar más allá de la muerte.

Szyszlo deja este mundo junto a su amada Lila, con quien se casó en 1980, compañera que tuvo la dicha de seguirlo hasta la muerte. En una de sus últimas entrevistas, en las cuales no solamente solía hablar acerca de su arte o sus ideales, Syszylo desnudó muchas veces su intimidad y el aprecio que sentía por su esposa:  “Cuando pienso en Lila recuerdo el verso de Octavio Paz que dice: ‘El amor es el encuentro en mitad del espacio de dos aerolitos y no esa obstinación de piedras frotándose para arrancarse un beso que chisporrotea”.

No bastarían todas las palabras de agradecimiento por la nobleza con la que el artista nos enseñó a través de su obra y sus palabras, su solidaridad hacía proyectos de arte benéficos como Noche de arte, que por su invaluable colaboración, fue homenajeado, en una de sus ediciones; así como su voz de protesta en contra de las prácticas ajenas a sus ideales políticos y su lucha para que lugares como el Museo de Arqueología estén al alcance de todos. Nunca dio por perdida aquella batalla de amor por el Perú.

El artista -que pasó a ser más que su arte-, se nos ha ido para siempre aunque devuelto a la inmortalidad a la que pertenece. ¡Hasta siempre, maestro!

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