Inicio Poesía ‘Daddy’, un extraordinario poema de Sylvia Plath

‘Daddy’, un extraordinario poema de Sylvia Plath

por Verboser

Sylvia Plath (EE.UU, 1932) poeta y novelista estadounidense, fallecida en Londres el 11 de febrero de 1963, tras sufrir una grave crisis personal que la llevó al suicidio.

Tras graduarse en 1955 en el prestigioso Smith College, obtuvo una beca para la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, donde conoció al poeta T. Hughes, con quien se casó en 1956 y del que más tarde se separó.

Sylvia Plath publicó dos libros en vida: El Coloso y otros poemas (1960) y una novela de caracter autobiográfica titulada, La campana de cristal, publicada en 1963 poco antes de su fallecimiento. El resto de su obra fue publicada postumamente bajo el título de Ariel, libro de poemas editado por Ted Hugdehs y que la consagaría como una de las poetas más importantes de lengua inglesa.

La obra de Plath se enmarca dentro de la corriente denominada poesía confesional, marcada por su caracter autobiográfico, de intensidad y fuerza únicas, en las que transformaba en arte los pasajes crudos de su vida. La poesía de Plath se mueve en escenarios donde la angustia y el dolor son el motor del quehacer poético. No existe, asímismo una preocupación por proponer una estética en el aspecto formal del poema, sino que destaca, principalmente, por ser un reflejo sublime del caos y sufrimiento vivido por la autora.

Tras su separación, se radicó en un apartamento de Londres  junto a sus hijos sin apenas dinero y dedicando sus últimos meses a la poesía. Poco después de cumplir los 30 años, el 11 de febrero de 1963, Sylvia Plath dejó a sus dos hijos Frieda y Nicholas (de tres y un año) dormidos, metió la cabeza en el horno y se suicidó.

Daddy, es un poema incluído en el libro Ariel, y puede entenderse como un canto ira y libertad contra la influencia negativa ejercida por la figura del padre. En la presentación del poema, una lectura radiofónica en la BBC, Plath comenta que la voz femenina del poema narra sobre una muchacha con complejo de Electra, cuyo padre, un nazi alemán, a quien idolatraba, había fallecido cuando la niña era pequeña.

 

Papi

Ya no, ya no,
Ya no me sirves, zapato negro,
En el cual he vivido como un pie
Durante treinta años, pobre y blanca,
Sin atreverme apenas a respirar o hacer achís.

Papi: he tenido que matarte.
Te moriste antes de que me diera tiempo——
Pesado como el mármol, bolsa llena de Dios,
Lívida estatua con un dedo del pie gris,
Del tamaño de una foca de San Francisco.

Y la cabeza en el Atlántico extravagante
En que se vierte el verde legumbre sobre el azul
En aguas del hermoso Nauset.
Solía rezar para recuperarte.
Ach, du.

En la lengua alemana, en la localidad polaca
Apisonada por el rodillo
De guerras y más guerras.
Pero el nombre del pueblo es corriente.
Mi amigo polaco

Dice que hay una o dos docenas.
De modo que nunca supe distinguir dónde
Pusiste tu pie, tus raíces:
Nunca me pude dirigir a ti.
La lengua se me pegaba a la mandíbula.

Se me pegaba a un cepo de alambre de púas.
Ich, ich, ich, ich,
Apenas lograba hablar:
Creía verte en todos los alemanes.
Y el lenguaje obsceno

Una locomotora, una locomotora
Que me apartaba con desdén, como a un judío.
Un judío que va hacia Dachau, Auschwitz, Belsen.
Empecé a hablar como los judíos.
Incluso creo que podría ser judía.

Las nieves del Tirol, la clara cerveza de Viena,
No son ni muy puras ni muy auténticas.
Con mi abuela gitana y mi suerte rara
Y mis naipes de Tarot, y mis naipes de Tarot,
Podría ser algo judía.

Siempre te tuve miedo,
Con tu Luftwaffe, tu jerga pomposa
Y tu recortado bigote
Y tus ojos arios, azul brillante.
Hombre-panzer, hombre-panzer: Oh Tú——

No Dios, sino un esvástica
Tan negra, que por ella no hay cielo que se abra paso.
Cada mujer adora a un fascista,
Con la bota en la cara; el bruto,
El bruto corazón de un bruto como tú.

Estás de pie junto a la pizarra, papi,
En el retrato tuyo que tengo,
Un hoyo en la barbilla en lugar de en el pie,
Pero no por ello menos diablo, no menos
El hombre negro que

Me partió de un mordisco el bonito corazón en dos.
Tenía yo diez años cuando te enterraron.
A los veinte traté de morir
Para volver, volver, volver a ti.
Supuse que con los huesos bastaría.

Pero me sacaron de la tumba,
Y me recompusieron con pegamento.
Y entonces supe lo que había que hacer.
Saqué de ti un modelo,
Un hombre de negro con aire de Meinkampf,

Y un amor por el potro y al garrote.
Y dije sí quiero, sí quiero.
De modo, papi, que por fin he terminado.
El teléfono negro está desconectado de raíz,
las voces no logran que críe lombrices.

Si ya he matado a un hombre, que sean dos——
El vampiro que dijo ser tú
Y me estuvo bebiendo la sangre durante un año,
Siete años, si quieres saberlo.
Ya puedes descansar, papi.

Hay una estaca en tu negro y grasiento corazón,
Y a la gente del pueblo nunca le gustaste.
Bailan y patalean encima de ti.
Siempre supieron que eras tú.
Papi, papi, hijo de puta, estoy acabada.


Daddy

You do not do, you do not do
Any more, black shoe
In which I have lived like a foot
For thirty years, poor and white,
Barely daring to breathe or Achoo.

Daddy, I have had to kill you.
You died before I had time——
Marble-heavy, a bag full of God,
Ghastly statue with one gray toe
Big as a Frisco seal

And a head in the freakish Atlantic
Where it pours bean green over blue
In the waters off beautiful Nauset.
I used to pray to recover you.
Ach, du.

In the German tongue, in the Polish town
Scraped flat by the roller
Of wars, wars, wars.
But the name of the town is common.
My Polack friend

Says there are a dozen or two.
So I never could tell where you
Put your foot, your root.
I never could talk to you.
The tongue stuck in my jaw.

It stuck in a barb wire snare.
Ich, ich, ich, ich.
I could hardly speak.
I thought every German was you.
And the language obscene,

An engine, an engine
Chuffing me off like a Jew,
A Jew to Dachau, Auschwitz, Belsen.
I began to talk like a Jew.
I think I may well be a Jew.

The snows of the Tyrol, the clear beer of Vienna,
Are not very pure or true.
With my gipsy ancestress and my weird luck
And my Taroc pack and my Taroc pack
I may be a bit of a Jew.

I have always been scared of you.
With your Luftwaffe, your gobbledygoo.
And your neat mustache
And your Aryan eye, bright blue.
Panzer-man, panzer-man, O You–

Not God but a swastika
So black no sky could squeak through.
Every woman adores a Fascist,
The boot in the face, the brute
Brute heart of a brute like you.

You stand at the blackboard, daddy,
In the picture I have of you,
A cleft in your chin instead of your foot,
But no less a devil for that, no not
Any less the black man who

Bit my pretty red heart in two.
I was ten when they buried you.
At twenty I tried to die
And get back, back, back to you.
I thought even the bones would do.

But they pulled me out of the sack,
And they stuck me together with glue.
And then I knew what to do.
I made a model of you,
A man in black with a Meinkampf look

And a love of the rack and the screw.
And I said I do, I do.
So daddy, I’m finally through.
The black telephone’s off at the root,
The voices just can’t worm through.

If I’ve killed one man, I’ve killed two——
The vampire who said he was you
And drank my blood for a year,
Seven years, if you want to know.
Daddy, you can lie back now.

There’s a stake in your fat black heart
And the villagers never liked you.
They are dancing and stamping on you.
They always knew it was you.
Daddy, daddy, you bastard, I’m through.

12 October 1962

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