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4 poemas de Cristal Alarcón

por Verboser

Cristal Alarcón Filinich (Arequipa, 1997) es ilustradora, escritora, guionista y estudiante de diseño gráfico. Ha trabajado como redactora y guionista en proyectos audiovisuales.
Ha participado en la Antología poética «La Chimba» (Editorial La Chimba, 2015). Poemas suyos han aparecido en la revistas de literatura Rayuela 305 (Chiapas, 2015), Libertalia (Arequipa, 2015), Verboser Año 1, Nro 1. (Lima, 2017). Actualmente se desempeña como directora del proyecto Editorial Verboser y prepara su primer libro titulado «Moho».

 

YO QUERÍA SER UNA BARCA

y enrumbar por las calles,
anclar en cada esquina
y sentir los rayos del sol golpear mi rostro.
Yo quería ser una barca en las veredas,
soltarme en cada semáforo
y dedicarme a detallar los barrios de mi ciudad.
Yo quería ser una barca sin mar para raspar mis maderos,
hacerlos más fuertes
más débiles.
Quise ser una barca en una ciudad sin canales
Sin verde
aún azul
Sin lluvia
sin gloria
Yo quise serlo.
quise una,
una barca,
y navegar por las avenidas obstaculizando el tránsito
Quise pararme en la Marina
y observar
las rocas,
los ricos.
Ser capaz de alejarme,
seguir lacerándome
quise ser una barca.
Yo fui una barca.
Un montón de madera agujereada y podrida
seca
Una colina de piezas inservibles.
Yo fui una barca.
Un día soleado
una vez en la calle
una barca
con los maderos intactos.

 

MAMÁ TE TRAJO COMO UNA LARVA FRESCA

en un rollo celeste y apetecible
quise darte un beso en la cabeza
pero mamá me jaló repentinamente

El rollo de algodón que te envolvía confirmaba la distancia.
Tres años y mes y medio a través de nuestros huesos
para poder extender los brazos
                bajo las gradas del jardín

Ese rollo dejo de calzarte
cuando las tazas se hicieron de uso común
La caja de música dejo de ser una caja
               y empezó a llamarse estéreo
Así como otras cosas compuestas de elementos perdían su magia.

Tres años y mes y medio de luz ingresando por el techo del pasillo
en el que vendimos nuestras almas por un par de galletas,
             en el que el sol se ocultó para llorar con nosotros
             y acurrucarnos bajo la ilusión de la eternidad,
para volver a sentir tibio

Quise ponerte sobre mis hombros
                    pero mamá te cargó
como cuando quise que volaras
                    y te solté sobre el mar de telas confundidas,
                    en la primera habitación que arrendaron.
Entonces los colchones no cumplieron su misión
y tus rodillas siguieron sangrando
hasta lo que febrero dispuso.

Puedo ser la niña más triste de la cuadra
como cuando me dejabas para salir a jugar pelota,
o no…
puedo simplemente sollozar en esa tumba que es tu cama,
esta cama que compartimos
partiéndola en dos.
Aprendiendo a dividir,
                     a sumar,
                       a jugar a ser niños
     y llorar entre nosotros de nuevo,
     como adultos a los que les pesa el recuerdo
     y el dolor de los laureles todos los días…
Las piedras en los bolsillos no tuvieron el peso suficiente para hundirnos en el silencio del otro, para ser indiferente.
                           Duro/inerte

Decir que todo estaría bien,
creer que todo estaría bien
y querer creer en los milagros
aunque tú con tres tristes años y mes y medio menos
        sabías que la virgen no encontraba nuestra casa,
        que nos mudamos muchas veces
Aunque tú con tres tristes años y mes y medio menos
        sabías que la cruz no tenía por qué pesar tanto
Aunque tú con tres tristes años y mes y medio menos
        aún mirabas esperanzado el techo lleno de plátanos.
Aunque tú con tres tres años y medio menos
        sabías que los plátanos estaban podridos bajo la cáscara.

Y tú con tres años menos, esos que nos hicieron fértiles a los moretones,
estás hoy, ascendiendo condensado por una  torre de metal.
                             y puedo describir el verde de la chacra
                             y puedo describir las vacas y sus terneras
y maldecir el viento que roba mis lágrimas y corta las mejillas de mamá
puedo decir que el sol vuelve a ocultarse para llorar con nosotros
a medias
que la luz regresa y no estamos saltando en la cama
Puedo decir que ese tubo aniquilador dispersa este aire en el que estás
este aire respiro y respira mamá
a medias,
como el sol que se abre paso entre nuestras deudas
y sigue debiendo demasiado.

Quise irme contigo,
   como cuando cogía tu lonchera y la mía,
   como cuando sostenía tus dedos con los míos,
   como cuando tu mano aún no estaba fría,
pero mamá me dijo que estaba bien,
que esta vez no podría hacerlo
entonces cerramos la puerta,
entonces el humo empezó a salir
y no dejó de salir, y no se detuvo,
                          Y no se detiene.

 

MOHO

Dijiste que nunca tendríamos una casa como esta cuando aún construía nuestros cimientos con trozos de pan y fósforos.
Dijiste que las paredes de nuestra habitación, un espacio neutro de cuatro planos, cobijaba naciente, el moho que por tantos años nos había aprisionado (sin darnos cuenta de), del cual fuimos dependiendo mientras se iba expandiendo, y tan rápido como llegó, devoró nuestros zapatos y las prendas que andaban colgadas sin dulzura.

Al siguiente año, tiempo después de su aparición y contra todo pronóstico y/o pintura selladora, el moho llego a primaria.
Y nosotros permanecimos apreciando su tenebroso desarrollo desde aquella esquina en la que dejamos los pinceles para ponernos simplemente a contemplar el deterioro de nuestras manos.
El moho siempre fue más grande que la cesta de ropa sucia que cargamos con nosotros después de 1999. Antes de romantizar los calzones manchados en las llaves de la ducha, el polvo en las esquinas de las ventanas y todos estos dibujos y siluetas que el moho retrataba en las paredes de pan,
que se hicieron de cemento,
a la fuerza, casi aguardando su arribo.

Pusimos flores en la casa,
a la entrada y a la mesa,
al salón que era lo mismo que el comedor,
y a la habitación principal se la abandono, como alguien que no espera demasiado de otro alguien, como una habitación cualquiera
que no tiene fe
que no tiene dios
que no ama.
o quizá si
y era simplemente la belleza y el clamor del moho por más atención.

Nos acostábamos cada noche deseándole felices sueños a los grises sueños al moho, que esta vez y por periodos iba cambiando de color.
El moho continuó expandiéndose durante casi 17 años,
y llego a ocupar las tres cuartas partes de nuestra habitación.
Tres cuartas partes y los cuadernos de 5to de media se desvanecieron. Se ahogaron en los retretes que ya no usábamos porque no podíamos permanecer sentados.
Era sinónimo de anhelo.
El moho cambió nuestra fisiología, nuestra percepción del color y los aromas en invierno.
Nuestras ventanas siguieron agrietándose después del terremoto del 2008, o quizás fue la pelea del 2010 en la que rompimos las estelas de los vidrios que se incrustaron en nuestros labios.

Para decir te amo había que sangrar, o no decirlo.
Entonces, permanecimos en silencio, mientras al fin
la pintura selladora surtía efecto.

 

¿CÓMO ME VERÍA POSTRADA EN LA CAMA?

Cogiendo la piel muerta de mis labios, pellejos salvajes. Con una mano sobre la cabeza, con lentes y mirada en el ordenador, Es posible pensar en nada. En blanco. En la aparente hoja A-4 que ilumina mi rostro y un poco de la habitación. ¿Cómo me veo ahora?, ahora tirada sobre el colchón enfundado de azul, azul a rayas. El brazo por encima y sin haberme dado una ducha, no aparentar haberme dado la ducha. La cama puede ser una caja, una caja empotrada en el piso para que alguien la levante-y la tire si quiere- no sé. Puedo girar el cuerpo, crear un mejor ángulo para la puerta del ropero, para la ventana cubierta de sombras y de cortinas. Tan solo el costado y así no aplasto nada, el costado para que la pared aprecie el lila definirse en la piel morena. Cómo me veo?, y mi sombra me dice que bien.

Como me veré entonces?, cuando el lila cambie por plomo. Cuando la piel morena no se vea, cuando no se sienta piel. Entonces, ya no habrán ventanas, cortinas o puertas en un ropero. No habrá ropero. No habrá una caja que aparente ser cama para que pueda aparentar ser mujer.

Para ese entonces no podré recordar si es que tuve senos y disfrute de ellos, si es que otra parte de mi habitación era un retazo de  utilería de cartón que mi mente hacía perpetuar cada que cerrara los ojos. Para ese entonces no habrá abismos oceánicos entre mis arrugas y yo, entre las lagunas mentales y un vaso de whisky que olvidé servir para hacerlo de nuevo.  Desconoceré el significado de A-4, o quizá no. Quizá no, y lo confunda con algo próximo, una extraña versión de C-3PO en El Episodio veinticinco, dormiré con el control remoto entre las piernas esperando que ronronee.

Cómo me vería entonces?, cuándo sentir a solas sea lo único que me quede para recuperar mis suspiros. entonces será la hora para estrenar los empolvados cuadros, para volver a pasar el blanco sobre colores vivientes, para cerrarles la boca si es que no tienen. Cegarlos desde ya. Sentarme en el filo de la cama por horas, concentrarme de nuevo. voltear de nuevo, gritar de nuevo,olvidar las pinturas en alguna silla, en algún rincón, en el alfiler de la sala que nunca tuve… en qué?. Igual ya no hay quien las devuelva, quien las traiga a casa como quien lleva el pan para su mesa y un libro para su cama. Cómo me vería entonces? Y mi sombra no responde.

 

 

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