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Antología del XXII Festival Enero en la Palabra – 80’s

por Verboser
Esta es nuestra selección de los mejores poetas que participaron en la Antología del XXII Festival Enero en la Palabra – 80’s | Parte I. Cusco, 2018.

 


Fanny Campos Espinoza
(Santiago de Chile, 1980)

Poeta, editora y abogada. Bachiller en Ciencias Sociales y Humanidades (PUC). Licenciada en Ciencias Jurídicas y Sociales (U. de Chile). Diplomada en edición y publicación de libros (PUC). Ha publicado los libros Hystera Hystrión/Útero-Máscara (Primera Secuela,2015); Inclinación al deseo y al caos (Premio Mustakis para Jóvenes Talentos, 2002) y en el proyecto colectivo Desencanto personal (2004). Ha sido invitada a participar en diversos festivales de poesía, nacionales e internacionales. Actualmente, dirige Ediciones Punto G y es co-gestora del movimiento Territorio Feminista V, en la Quinta región de Chile.

ANTES DE ESTA MUERTE / aprendí a comer lo mismo que mis gatos / sobras encontradas entre basura y maullidos / huele mal huelo mal / aún antes de ser cadáver olía muy mal / tan mal como desde siempre mi país hiede / pero desde hace cuatro décadas / con ese olor a genital quemado

yo al menos de vez en cuando / me daba baños de lluvia desnuda en mi patio trasero / aún lo hago sobre las baldosas del 29 entre los NN del psiquiátrico / y la marejada de desaparecidos

no pudieron quitarnos / la vieja costumbre / de beber agua de lluvia

En cambio Chile no sabe de higiene / Democracia eau de toilette / sobre el mismo olor / a derecho chamuscado/ a vagina acariciada por ratones/ un amor verdaderamente reinventado

Rimbaud tenía tantos piojos / como los que escosen mi cuero cabelludo/ mil novecientos setenta y tres piojos/ multiplicándose año a año / junto a las larvas en mi piel

Las liendres son iguales en todas partes / pero las mías no dictan poemas sino plegarias / porque metiéronme la cruz un par de veces más / que al sopeado corazón vagabundo / y yo no encontré la pintura / exacta de cada letra de mi nombre / porque ni siquiera recuerdo el que me dieron

Impedir que me ojearan nunca fue posible / No alcanzó Rimbaud a perder la misma cantidad de dientes / a mí desde los quince ya no me quedan molares / pese al tiempo su cadáver aún conserva unos cuantos

En mi exhumación sólo verán polvo / La mayoría de los nacidos sobre el lodo / no conocemos ancestros / diluida la sangre indígena / ninguna dentadura puede / permanecer aferrada a un vacío

Nos seguirán privatizando los dientes / Soy el fruto de la violencia patriarcal / la que confundo una y otra vez con amor / pues las malditas liendres deliran en mi oreja / esa plegaria genética social adherida / a la placenta barata de las madres / tan ausentes en su obstinada presencia

En vez de salvarnos nos esconden / Tienen sus instintos atrofiados / porque también les han metido cruz / en medio del miedo / para que sus úteros
perpetúen / cada una de las piezas / del rompecabezas / del rompeconciencia / del rompeverdaderoamor

Con suerte parirán esquizofrénicos como yo / la mejor condena mientras no se rompan los eslabones / de ese ADN sin memoria ancestral emigrado a la periferia

Esconden a sus críos / pero los más pequeños no me temen / aún creen en sus propios cuerpos / ríos desembocando en el mar colectivo

Nada más revolucionario que la mirada de los niños / Ahora volverán a matarme y a nadie importará / como se mata en México a los estudiantes / Lo sé / porque ya he muerto muchas veces / y nunca ha sido por causas naturales /  Por eso revivo cada vez. Porque me juré jamás morir y he tenido que resucitar mi cadáver / infinitas veces / para cumplir mi palabra.

 

Rocío Ágreda
(Cochabamba, 1981)

Tiene estudios en Filosofía (UCB) y Literatura (UMSA). Participó en los proyectos editoriales independientes Género aburrido (La Paz, 2011) y Lenguanegra (Cochabamba, 2013). Ha gestionado y participado en encuentros literarios independientes: Poetas dientes de leche (2010), A toda costa (2010), Tea Party (2014), Panza de oro (2015). Actualmente trabaja en su poemario Detriktus.

Es demasiado tarde para escribir este poema

Es demasiado tarde para escribir este poema
y la respuesta es no
no tiene padre
no tiene madre
vaga con su tribu inventada
por desiertos microscópicos
(hasta en la microscopía existen ángeles y policías sádicos)

es demasiado tarde para escribir este poema
algo se para en dos pies y canta
la idea puede parecer a simple vista monstruosa
y después sólo
de la estocada final de todas las ciencias
de la disolución de esta idea de muerte
donde sólo ella y entronada
todavía existe
/está fuera de sí
y necesita de la cadena desoxirribonucleica

es demasiado tarde
pasa que se libran guerras terribles
holocaustos darwinianos
y goces imposibles
en la punta de un alfiler

es demasiado tarde
para escribir este poema
y el silencio de dios siempre va ser más vanguardista.

Rosa Granda
(Lima, 1981)

Estudió Literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal, Fotografía en el Instituto Peruano de Arte y Diseño y un diplomado en Styling y Producción de moda en The Style Institute (TSI). Publicó el poemario Torschlusspanik (Perro de Ambiente, Lima 2016; segunda edición, Liliputienses, España 2017). En el 2017 participó en el Festival Internacional de Poesía de Rosario. Parte de su trabajo aparece en las antologías Perú XII Escrituras del Siglo XXI y Camboya.

Quiero hablar sobre el amor

escribir Escribir sobre el amor
No tengo la nostalgia de un adolescente pos posmoderno y mi hip hop remasterizado es rapcaviar porque no soy pos posmoderno y mis sentimientos son más mortíferos que melancólicos

| Una noche del 2001 Jann S. Wenner  visitó a Bob Dylan en su camarín, llevaba una estrella en el bolsillo, que en realidad eran cinco |

En un ejercicio de deconstrucción:
Bajo un cielo estrellado sea la cantidad abstracta no que codifique sino que sobrecodifique la luz en la retina del ojo del ser amado
Bajo este mismo cielo sea la contingencia de algún accidente, mejor de muchos, y ascienda desde dentro de sí y haga fuerza si algo (o alguien) le impide seguir subiendo

 

Martín Zúñiga
(Cusco, 1983)

Poeta, editor, gestor cultura y catedrático. Publicó el libro de no-ficción No siga ese pájaro (2017). Es también autor de los libros Gavia (2009), Pequeño estudio sobre la muerte (2010), Cover (2011), entre otros. Su obra ha recibido importantes premios en España, México y Perú. Coorganiza el Festival Internacional de Poesía de Arequipa y desde hace varios años gestiona el Proyecto LAE:LEA capítulo Perú Urbanotopía

Siga este pájaro

las aves amarillas cuando pasan los perros.
pintar eso
ponerle tréboles olores humedad
velocidad
las aves saben cuánto los perros son traslado
¿quién eres? saludas entre plumas
y vibra la cuerda floja
pintando
en su propio natural sin escusas sin traducciones
detenerlo en el gesto binario que limita la metáfora
la acción marcada por accidentes gramaticales
soy demasiado tarde
afuera hay
otros movimientos que absorbe cual pozo arena
y mete aves y perros en silencio por los sentidos

la esquirla de una bala moviéndose
con tanta fuerza
que pierde el color hasta destruirse.
una metáfora sónica
y sigues tendida a mi lado
y tu corazón aún brilla en mi boca

 

Tito Manfred
(Arica, 1983)

Publicó el ebook 13 poemas (2016) y la antología Guasap. 15 poetas mexicanos super actuales (2016), que seleccionó junto a Mauro Gatica. Recibió la beca de creación del Fondo del Libro en 2016. Recientemente ganó el premio Mejor publicación digital que entrega el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Φ

Escribir poemas consiste en salir a pescar truchas con una caña rudimentaria
y volver con la canasta vacía o llena de pescados de menor valor.
Con esto quiero decir que es una experiencia frustrante
y que deberías dedicarte a la práctica del squash.
He visto tus hermosos tríceps. Pero si vas a insistir con la pesca,
te aconsejaría que la próxima vez que fueras al río
describieras la forma en que las truchas se te escaparon de las manos
cuando ya las hacías en la sartén o por qué los peces que atrapaste
no eran truchas sino una manifestación de tu incapacidad.
Oh me agrada esa poética, quiero un poco de eso.
Observa a aquellos pobres infelices volver alegres de la precordillera.
Ya en sus casas junto al fuego, alardearán con sus mujeres
sobre la docena de truchas que pescaron en el río,
pero tú y yo sabemos que sus canastas sólo contienen un vacío de truchas.

Ah, no sé cómo decir que los peces de mi pecera murieron de inanición.

Φ

El amor a los poemas es el único amor posible, esta idea me puso de buen ánimo hoy a la mañana. Las mujeres son fantasmas y muchas veces hacen sus vidas de ectoplasma sin advertir tu presencia, y cuando la advierten es una película de terror. Por el contrario, los poemas que he leído son una presencia tangible (ahora mismo acaricio un poema de Creeley), me acompañan siempre y vibran en cada cosa que hago. Hace un tiempo escribí unos poemas de amor que me parecieron aceptables. Días después releyendo a Pound y Williams, descubrí lo que ya sabía: mis estúpidos poemas eran una reverberación de ideas que yo ya había leído en esos autores. Esto me puso muy contento. El amor (a los poemas, a las mujeres) tal vez sea eso: la actualización de un amor que nos antecede, una reescritura. Todo está íntimamente conectado.

Iris Kiya
(La Paz, 1986)

Ha estudiado Literatura en la UMSA. Participó en los Festivales de Poesía Andesgraund para Bolivia (Chile, 2017), Caníbal Urbano (Ecuador, 2017), Panza de Oro (Bolivia, 2016), VI Festival de Poesía de Lima (Perú, 2015), entre otros. Sus textos han sido publicados en antologías en Bolivia, Argentina, Ecuador, Perú y Chile. Ha publicado los libros de poesía Manicom(n)io fra(g)tal (2010), ganador del concurso jóvenes poetas auspiciados por la Cámara Boliviana del Libro y la fundación Pablo Neruda de Chile; 24 cortos y un prólogo en braile para Gelinau Laibach (2013) y la plaquette En la trinchera (2016). Actualmente es coeditora de la editorial Maki_naria Editores (Chile).

Debajo de la trinchera

Ceci n´est pas une pipe
Ceci n´est pas une Smith & Wesson
Ceci n´est pas une camera
Ceci n´est pas une tranchée

Debajo la trinchera,
encuentro a mi padre a mi madre y a mi hermano

Debajo la trinchera,
acribillo sus ojos de azufre,
relleno las cuencas con plata y los epitelios restantes con saliva y cal

Debajo la trinchera,
cuento con la compañía de un fotógrafo y un soldado

Debajo la trinchera,
el fotógrafo me insinúa una toma a blanco y negro

Debajo la trinchera,
el soldado me habla de Carter y los cuervos,
le tiene miedo a la flacidez
y a los besos de las mujeres bonitas

Debajo la trinchera,
el fotógrafo me mira por el ojo de la culata

Debajo la trinchera,
el soldado y el fotógrafo
se suben a una avioneta y ponen el disco número ocho, pista tres
suena Paganini
y en el intermedio

el violín se mezcla con el sonido de la avioneta

Debajo la trinchera,
hay asfalto,
una ventana,
una cámara,
y una Smith & Wesson

Debajo la trinchera
mis huesos se están cosificando por la cal

El fotógrafo me muestra un rollo sin revelar

  1. Debajo la trinchera un hombre
  2. Debajo la trinchera una mujer
  3. Debajo la trinchera un niño

Debajo la trinchera,
encuentro los cadáveres de mi padre, madre y hermano

Pound se ha estado alimentando
de garbanzos y setas,
setas que esconde en los rincones de su almohada
en el psiquiátrico
come garbanzos a deshoras, porque ya no puede
pensar en las elegías o en las servilletas de papel.

Pound se ha estado alimentando
de garbanzos y setas
entre las 6 y las 12
lee cuartillas y luego las reescribe
pensando en Aura y en la guerra

Pound ha estado leyendo
cuartillas,
y el psiquiátrico donde reside
solo cultiva garbanzos y setas

Pound se exacerba con
sus psicosis, con Aura,
con los garbanzos y setas.

Pound mira disimuladamente las esquinas
azuladas del periódico y recae en una
foto, una mujer de rasgos tenues y mirada
perdida.

Es ella, dice Pound

Entonces cae en el vórtice,
en el animismo.
En la soledad del psiquiátrico.
En la soledad de la espera por Aura.
En la dieta de garbanzos y setas.
En las cuartillas que se dilatan en el papel,
cuando Pound llora por ella.

Pound llora por una mujer que no conoce,
llora porque se imagina que ella espera
a un veterano en una plaza cualquiera
entre las 6 y las 12, justo
los días martes y jueves,
cuando esconde los garbanzos
y las setas dentro su almohada
o entre las 6 y las 12
los lunes, miércoles y viernes
cuando lee cuartillas sobre la guerra
o entre las 6 y las 12
los sábados y domingos
cuando, a causa de la soledad,
mira perplejo el reloj,
y se dispone a fumar un cigarro,
y cuenta todos los granos de
garbanzo, esperando que las setas
terminan con su cuerpo,
a causa de la alergia

 

Yuliana Ortiz
(Esmeraldas, 1986)

Gestora, co-editora en Cráneo de Pangea. Ha publicado: Sovoz (Hanan Harawi y Todos tus crímenes quedarán impunes, co-edicón peruanoecuatoriana). Mención de honor en el premio nacional Poesía en Paralelo 0 – 2017. Ha participado en: Festival Internacional de Poesía Enero en la Palabra (Cusco, Perú 2016-2018), Festival Internacional de Poesía Sumpa Vive (Salinas 2013), Festival de Poesía Joven Lauro Dávila Echeverría (Pasaje 2014). I Bienal Internacional de poesía Museo Luis A. Novoa Naranjo (Guayaquil, 2014), entre otros. Su trabajo aparece en las antologías la Muchedumbre de tu Risa (CCE, Quito, Ecuador, 2014) y HARAWIQ: Muestra de poesía ecuatoriana y boliviana (Murcielagario Kartonera, 2015).

La abuela está a punto de morir y yo no hago más que bailar

Bailo sobre el tejado de donde penden en hilos negros cada una de mis extremidades. Bailo acarreada por una fuerza que tira desde mi ombligo hasta mi pelvis. El cuerpo ya no es mío, ha pasado a formar parte de las constelaciones bajo los párpados de la madre de todo lo viril. Bailo, los labios se desprenden de mí, mis ojos se vuelven libélulas, mi cabello una enorme medusa roja. Dejo de ser yo, me convierto en una bestia emergiendo desde la mesa de mi casa; que es el centro del mundo, que es también el centro de la muerte. La abuela no reconoce a nadie y yo no hago más que bailar. Bailo bajo los soles que se dibujaron en las sábanas de su cama, bailo con las hebras de pelo que se le han ido cayendo con el solo movimiento circular del viento. Bailo mientras sostengo entre las piernas a la piedra pómez que poseo por corazón. El amor es un cuervo con patas rotas, tatuado al costado izquierdo de mi espalda. El amor no ha hecho más que llenarme de miedo, por eso lo dreno lento y con él todo aquello que debió amarme pero no hizo más que esparcir los restos de mí y lanzarse por la ventana, por eso amor mío, esta noche yo no hago más que bailar.

 

Andrea Castillo
(Ica, 1986)

Licenciada en Psicología. Tiene inéditos los poemarios Origami y Lamentaciones de Ariadna. Ha participado en festivales nacionales e internacionales. Textos suyos aparecen en las antologías Algo de cierto, Ica selección poética (Lustra editores, 2007); Convergencias: Muestra de poesía contemporánea (Editorial Río Negro, 2012); Poetas en la arena. Antología de poesía iqueña (Fondo de la Biblioteca Abraham Valdelomar, 2017).

Aqueronte

a Paul Forsyth

Espero a mi cuerpo
Cesto de terciopelo
Olvidado por el único viento
Que sabía su nombre

¡Renuncia al rugido!
Pantera de oro atenazada entre las voraces líneas del horizonte
¡Renuncia al eterno juego de los dados
Que han venido a llenar algodones tu casa!

Ahora zurcen tu hoguera palpitante
Cuecen tus navegantes hombros sobre la orilla de las aguas

 Y t e d e s p l a z a s

Columna hecha de flores de humo
Como saliendo de una jaula de plumas atrapadas

T e d e s l i z a s

Con la perspectiva de aquello que colisiona
Celebras tu hondura y tu volumen liberados
Pones la resplandeciente moneda bajo tu lengua

Y t e d e j a s f l o t a r

Partícula indomable
Sobre la frágil vasija de tu cuerpo traído y desvestido
Níveo y terso

Vienes a montar esta barca infinita
Al pasadizo eterno
Del que pare las sombras de la luz
A regiones remotas donde anda descalza
La marcha de las nubes

¡Súbete forastera!
Déjate mecer por las cinturas de las cálidas aguas
Por los perentorios sonidos de tus huesos
Que trastabillan en este río lujurioso
Déjate esculpir con el alabastro de las ninfas
Y sus cinceles de diamante.

En el amanecer de la tormenta
La flama constante consumirá el hilo de tu péndulo
Y dormirás profunda
Bajo el sueño de las constelaciones
Y ya vacía
Sacudirás tus pelos de encajes y cenizas
Para unirte al origen del gran vórtice
Lista para escribir
¡Ah! Papel de tinta orillada
Vuelve a cantar el delicioso brillo de tus dedos
Sobre el júbilo de la clepsidra

Q u e j a m á s s e d e t i e n e

 

Tilsa Otta
(Lima, 1982)

Estudió Dirección de Cine. Ha publicado los poemarios Mi niña veneno en el jardín de las baladas del recuerdo (2004), e Indivisible (2007), con la editorial Álbum del Universo Bakterial y Antimateria (Neutrinos, Argentina, 2014; Pesopluma, Lima, 2015; Juan Malasuerte, México, 2016); además del libro de cuentos Un ejemplar extraño (Solar, 2012) y el cómic VA (Contexto Editorial, 2017), en coautoría con Rita Ponce de León.

Animal definitivo

Oculta tu guante perro lobo
El pueblo te alcanza y las noches son heavys
Susurra distancia en un viento al oído
Encarna sustancia de dios en colmillos
Sal
Deforma la cola del banco
Reeduca a la institutriz
Diseña el castillo lobo perro
No empines el codo
Cierra el hocico estirando la pata
Trasciende la búsqueda anal y salva el día
Concluye el desorden gitano
Compuesto de planos con bobos
Decora el castillo
Aspirando al eco

Perro
Perro
Perro
Tú eres Perro
Lobo Lobo
Nacionalízate Lobo
Recuerda tu origen y escupe la fruta
Escribe tu risa en la piel de la oveja
Roba, caza, aniquila
Copula con perras
Copula con lobas
Mata Mata
Ponte en cuatro
Este es tu himno perro lobo
De canto obligado en liceos salvajes
En tardes peludas que a tientas entrañas
Lobo, Perro
Diablo Pobre
Animal definitivo

 

Gerónimo Paredes Robles
(Cusco, 1988)

Participó en diversos recitales en la ciudad del Cusco. Espera presentar su primera publicación muy pronto

[10]

De todas las estrellas —llámame hombre espacial,
space-man o piedra aérea —soy la que parece árbol
que se sacude por el nombre de la mujer que amas
soy la de la luz que como un ojo fue tomado por la fuerza
soy la de la pirámide que es una montaña inmensa,
de montaña que atraviesas y siembras
y que eliges para romperte entre sus cielos.

Aquí en esta página que es como una espada alucinante
dejo esta imagen que desea crecer sobre la tierra
y ser jardín rodeado de escamas
y ser alas de gaviotas que son al mismo tiempo
conchas marinas y son cables y terminaciones nerviosas
una alternativa para el rugido de los autos
y luego entro en ti tantas veces como quiero
y después de mi pecho sale humo caliente
vapor de animales que se están quemando
humo de carrizos para la venta en el mercado
y qué noche es la vida que me lleva
y qué noche es la vida que se va
con sus manos artesanales
interfiriendo en las bajas frecuencias
de un instrumento que le canta al agua

Y en el agua comienza un sueño:

La poesía dice que me hizo un hijo, sin ser yo humano o robot de alambres oxidados, sin ser yo un mostrador para la venta de computadoras, sin ser yo un centro comercial,  invadido por súper estrellas de fútbol, sin ser siquiera yo un problema que debería resolverse; para que un golpe entre en el pecho, primero deben sacarse al sol las palabras como si fuesen un nevado, para contar esas historias de la juventud que terminan por quemarte los huesos y causarte vergüenza, ni qué decir del que no sabe leer, ni el que entiende en verdad lo que lee, pero que le agrada tanto leer que hasta incluso se ríe y piensa que el mundo está explotando a su costado. Simultáneamente en el recodo de los templos que también son astros azules y rojos, o son amarillos como bombillas de luz derretida en grandes parques industriales, hombres y mujeres recostados sobre la arena de mezcla cantan al unísono: la arena quema como las heridas de la mente / la mente es un hombre con ojos en blanco y sus orejas oyen canciones que no son nuestras/ y qué dijo el mar cansado de mirar a sus nietos / y qué dijo el sol otra vez mirando hacía la arena.

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