Hablemos de mí,
mientras las hormigas devoran el sol
(4 poemas)

 

 

 

En mis venas llora el deseo/ torrentes de exclamados corazones/ el abismo con anteojos sonríe mientras mis labios no sirven como puente/ cruzar al vacío es maldecir contra una pared donde la humedad ha dejado tu rostro/ he besado despacio tus pies/ quiero ser tu camino/ luego rezo tan terrible/ pierdo la fe/ palabras emergen como náufragos de mi boca/ desesperados huesos de recuerdo que astillan/ corazones pintaba yo/ viviré más en un campo de fresas oxidadas dentro de tu vientre/ dormiré como un vagabundo mordiendo tus senos mientras el reloj se atasca en aquel minuto que llevaremos como símbolo de una época/ de suciedad luminosa/ las luces que evidencian tu piel en el murmullo de la mañana/ la ventana está abierta/ y nos pensamos como suicidas enamorados y atravesar la ventana de un salto es tan tierno como cantar el himno de las venas cortadas/ una ráfaga de fuego ha anunciado la depresión del sol/ salto de una altura deliberadamente desgraciada y me quiebro un hueso y corres soltando lagrimitas a la farmacia a comprar un hueso que con suerte será de mi medida y nos hemos gastado todos los ahorros y ya no nos drogaremos y eso será tan triste 🙁 y te veo en borrosa historia colocarme el hueso que compraste con tanto amor mientras deshechas el quebrado/ (y un perro que salta del hoyo del universo lo ha cogido) y nos hemos reído pensando lo grandioso que somos/ reímos y todas las nubes sonríen y es tan idiota ahora/  quiero sangrar/ quieres sangrar y/ el corazón debe latir y llamarse desgraciado/ así/ como un cumplido. Sabes que ya no puedo leer🙁 / que duermo tanto y luego al despertar estoy tan afligido por haberme traicionado/ y sorbo a sorbo termino el mate y me digo así no llegaré a ningún lugar/ sólo me queda ser tan honesto hasta ser un gusano despreciable y ovillarme y escupirme las manos y escupir hasta el techo y contemplar a esa masa de baba siempre a punto de caer.

…/ una vez te conté algo que me pareció curioso pero que evidentemente no te sorprendió/ te dije que mi timidez había sido derrotada al consentir el impulso/ tus ojos impasibles acariciaban mi pecho/ le pedí a una chica que me dijera que cuántos años tiene/ entiendes?/ aparecida esa pregunta en mi cabeza hubo eso que la reprimió de golpe pero yo volví a intentarlo/ ya sé que el truco es actuar de inmediato/ pero ésta vez me fue más difícil/ lo logré y casi me río de la sonrisa de aquella chica que en el fondo tenía pintado un arcoíris de puro amor/ creo que no te importa/ me dijo/ en verdad me importa mucho/ le mentí/ y como un charco profundísimo ella me dijo que su edad le dolía/ no sabes lo que es estar frustrada y no poder suicidarte/ me dijo/ en el cielo se puede ver un reloj vencido/ le dije/ y ella hizo un gesto por no decir que ya lo sabía/ y le dije te amo/ ella sonrió arreglándose el pelo que se le había soltado por el lado izquierdo de su amargura/ no respires por favor/ le supliqué/ ella fue entendiendo un poco mi capricho/ 20 tengo/ 20 qué? Le pregunté/ 20 años Me respondió/ y yo me emocioné tanto que la besé mientras mi corazón dejaba de latir

 

¿En qué momento la muerte es celebración?

Tomas mi mano

Y adivinas el ritmo de mi pulso

te pones a bailar la danza ancestral de corazón y
dices: no pienso soltarte

y piensas: tal vez llegue a soltarte

luego me devoras con un par de besos

y yo respiro por última vez

me sonrojo por el nerviosismo y

pienso en un cementerio que pueda haber cerca
adónde podamos ir a exhumar más emociones
mientras cantamos el himno de la sombra

y yo te espero sintiéndote a un milímetro de distancia
mis ojos se dilatan siguiendo el juego del reflejo/
no tengo por qué temer

y temo.

 

Manuscrito

I
Aquella fue una tarde muy satisfactoria para ambos
Pero no debimos echar al buzón de la basura
los cigarrillos que ya no pudimos fumar.

Si hubiese sabido que me iban a hacer falta hoy
Hubieras buscado la forma de camuflarlos en algún lugar
de mi cuarto para que nadie los descubriera.
Tuvimos la habilidad de organizar nuestra economía de modo que nunca nos faltara el vicio ni las tardes de exilio.
Si entonces daba golpecitos con el dedo para que cayera
la parte consumida del cigarro.

Ahora pienso que aquello fue una
representación de mi vitalidad actual.
No debimos echar los cigarrillos
Al buzón de la basura
Cuando nos hubimos contentado con la vida.

Ahora me hacen falta
Ahora
Cuando no puedo complementar mis precarias monedas
con las de alguien más para conseguir una cajetilla e ir a
caminar mientras desprecio la tarde diciendo: marihuana, cuándo te he de probar.
Sí, soy un chico rebelde
Pero también cuido que el olor del tabaco no se impregne en mi ropa.

II
Bueno,
Aquella tarde fue una tarde rara
en donde no pude contener el deseo

de buscar aquellos cigarrillos desperdiciados/
A qué cosas nos obliga la soledad y el aburrimiento/ 
Comencé hurgando cada basurero de la ciudad
Destripando bolsas
Cogiendo pequeños desperdicios
Con el pulgar y el índice en forma de pinza
Como si tratar de mostrar que esto no lo hacía por órdenes del raciocinio
Más bien por el designio del instinto entristecido.
Encontré un roedor muerto
Que me asustó por la forma en que había terminado
introducido en el fondo de un vaso descartable de refresco
La muerte se burla de su cuerpo, Pensé,
mientras sentía que en cualquier momento iba a despertar desconcertado
                                                 Y la vida nos hace nada//.

Recorrí toda la ciudad
Basurero tras basurero
Sin hallar los cigarrillos que no debimos desperdiciar
Anochecía y percibía el frío como una suerte de castigo
Y yo escondía la cabeza un poco.

III
Entonces
Un hombre intervino en mi búsqueda
Vestía eso que me advirtió de inmediato
que él tenía el deber de tomar la basura con las manos enteras.
Me dijo que qué andaba haciendo a estas horas por aquí,
Habría pensado que soy un drogadicto que buscaba las
drogas que dios había olvidado entregarle
(No sé por qué meto a dios en éstas cosas)
Me habló manteniendo la distancia por un momento
Busco cigarrillos, le dije
No los vas a encontrar aquí, me dijo, como si él los hubiera buscando antes.
Hay una posibilidad, le dije mientras le mostraba el rostro más lucido que pude,
como si intentara decirle
implícitamente que tenía una fe sustentada en algo razonable
Le puedo dar unas monedas y se los compra, hombre,
no tiene que hacer esto, es triste, me dijo.
Gracias, pero preciso de éstos, es una cuestión romántica, le dije
Y soltó una sonrisa y movió ligeramente la cabeza de un
lado a otro.
Sentí que me compadecía.
Es que dejé unos cigarrillos en un buzón de basura,
dije,
ya hace unos años.
No pareció sorprenderse y creí que insistiría con eso de
las monedas.
Quizá vinieron a parar aquí, dijo, soltando un soplido débil,
como si estuviera preparando el cuerpo para un desafío difícil.
Es posible, dije, deseando escapar en mis palabras un tufo
de recelo.
Y habría que buscarlos, dijo, y violentamente le devolví
el rostro extrañado, él sonrió como si su idea fuera
lo más brillante de la noche
Y lo fue
Buscamos hasta no encontrar los cigarrillos
Emocionándonos a ratos cada vez que hallábamos una
colilla quemada
Esto es la vida, dijo, casi silenciosamente:
Desechar
Lo que alguna vez nos sobró
Y buscarlo luego
Por una cuestión romántica.
Y yo sonreí
Pero pude también
Haber llorado.

Mientras me cuentas lo bien que te ha ido, yo apunto al sol con una pistola que formo con los dedos

La vida fue un desperdicio que nos dejó contentos
Hazme un espacio para ver juntos el horizonte que se guarda en nuestra mente
O inclina tu cuerpo al mío para confirmar que algún día sospecharon con irse.
Hemos leído nuestros poemas irradiando esa luz que se descompuso al contacto del sol
El sol fue cruel
pero eso no nos impidió ser felices y hacernos cosquillas y besarnos sólo para sentir cómo la vida se nos escapaba de nuestras manos.
Luego seremos nosotros los que exijan ser sepultados!
El trabajo ha dejado su olor nuestro cuerpo
Hablo de ti para no sentirme solo
Y porque además has ejercido la confianza que nunca tuve
No he trabajado con ánimo porque la muerte llamaba a mi puerta
nunca quise abrirle
pero un día le abrí
porque pensé que sería como el sexo brutal entre nosotros.
Hemos sido optimistas y tachado algunas palabras
Y nos hemos contado todo con una resignación respetable
Que no lo hemos hecho tan mal
hubiera sido peor no haber hecho nada
Quizá el sol es un globo que quema nuestras cabezas porque está triste.
Nunca tratamos de explicar ese rencor que le tuvimos:
Si no fuera por él 
Estaríamos muriéndonos de frío
Somos unos desagradecidos que no tienen el mínimo reparo en usarlo en metáforas tontas.
Es como si te dijera
Cambia esa canción 
Que me recuerda a esas cosas desagradables
Y luego nos pusiéramos a bailar por siempre.
Mi corazón
Es un montón de hormigas
Yendo a devorar el sol
que es la muerte.


J. Estiven Medina Ortiz (Apurimac, 1995) es un poeta joven de la generación peruana más reciente. Ha publicado tres libros independientes: Hablemos de mí mientras las hormigas devoran el sol. Parte I (2014), Apaguen el fuego (2015) y Delirios de grandeza (2016). Recientemente publicó ‘Hablemos de mí mientras las hormigas devoran el sol’ (Poesía Sub25, 2017) libro al cual pertenecen los poemas de esta selección.