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En los extramuros del mundo | 4 poemas de Enrique Verástegui

por Verboser

Enrique Verástegui (Lima, 1950 – 2018) Escritor, poeta y dramaturgo peruano. Fue una de las voces más representativas de la poesía peruana de la década de los 70. Miembro y fundador, junto a Juan Ramírez Ruiz y Jorge Pimentel, del Movimiento Hora Zero, que fundó los cimientos de una revolución poética en el Perú. 
Su primer libro «En los extramuros del mundo», publicado en 1972, marca un antes y después en la poesía peruana. Con ello se propone una ruptura de las propuestas antecesoras y la apertura de un lenguaje novedoso a través de su vital conversacionalismo y los discursos que ubican la poesía fuera de las élite académicas y la llevan hacia los márgenes de la sociedad.

 

DATZIBAO

De pronto perdí todo contacto contigo.
Ya no pude llegar al teléfono, recordar ese número y llegar a tu casa que no conocí.
Ya no pude volar sobre ti como todos los días a las tres de la tarde estas pobres alas no dieron más
y aquí me tienes ideando estas líneas que reflejan mis ojos cansados de ir caminando con la mente y las manos repletas de yerba.
Yo fui el primer sorprendido.
La extrañeza de ser dos aves hurgándose el pecho y corriendo uno detrás del otro entre las matas y bancas del parque.
y éramos arrojados fuera de nosotros mismos y por esto fue que conocí tu ciudad
y me apreté contra ti buscando desesperadamente encontrarme en tus ojos y amé todas tus cosas
y tu mirada angustiada y esa seriedad para responderme a ciertas preguntas y cuestiones que nos diferenciaron para siempre de las personas nacidas antes de 1950
tu maravilloso instinto agresivo desarrollado contra los males del tiempo y portándote como en la más furiosa embestida
en la batalla por un lugar en el taxi que nos alejó miles de cuadras más cerca de la pasión de la vida
hoy miércoles y no otro día.
Porque ya es hora de ir poniendo las cosas en claro y más que nada empezar a ser uno mismo
un solo obstinado bloque de rabia.
tú por todo lo que para mí reflejabas lo más claro eres mi sopor antes de echarte a gritar por estos sitios malditos
aún después de haber transformado esa palabrita bestialmente lúcida en una flor obsesiva
que yo no quiero acariciar ni comprender el suicidio mi amiga es una espera maldita.
como puede ser aguantarnos un par de horas más en el parque en medio de un viento furioso que pugna por arrancar de raíz lo más nuestro de nosotros
y tú junto a mí convertida en mi aliento escuchándote aprendiendo de ti a la Molina no voy más esa canción negra arde en mi pecho, me aplasta, levanta, avienta a decir no contra todo.
Cada uno recuerda su primera caída.
Cada uno recuerda paso por paso los pasos que fue dando y los que no dio porque en uno mismo está el propio enemigo.
Y yo me levanto para luchar contra mí – y me tengo miedo.
Lo perfecto consiste en desabotonarnos el torso mientras vamos salvajemente penetrando en esta selva de arenas movedizas
y tu vida o mi vida no ruedan como esas naranjas plásticas que eludimos porque tú y yo somos carne
y nada más que un fuego incendiando este verano.
La vida se abre como un sexo caliente bajo el roce de dedos reventando millares de hojas tiernas y húmedas,
y no dijimos nada pero exigíamos a gritos destruir la ciudad, esta ciudad ese monstruo sombrío escapado de la mitología
devorador de sueños.
Y el musgo creció como un verso clarísimo en tus ojos.
tú querías leer mis poemas aferrarte a ese instante de dulzura donde jamás hubo límites entre uno y otro ser
y fuiste sólo una muchacha que pasó por mis ojos silenciosamente pegada a mí a mi secreta manera de enredarme en las cosas de explicar un mundo indeciso sembrado con piedras
yo que creí que nada era nada en cualquier lugar de este mundo
y de pronto me di con tus sueños como con un golpe de mar sobre el rostro
y luego adiós porque todo y nada puede explicarse en el amor y porque todo y nada se explica en nosotros y con nosotros.

 

PRIMER ENCUENTRO CON LEZAMA

Llevo un sol en mis bolsillos
pero ya no tengo nada en mí
no puedo soñar cantar pensar en cosas concretas
no puedo soñar cantar escribir ese poema para ti mi gatita
arañándome el hombro
y mis vecinos me tienen controlado
me ven llegar como una peste
y hablan de mí
entre comillas soy el ocioso el paria el que llega tarde en la noche
y corro por estas calles de Lima
buscando recordando a Vívian
cayéndome en pedazos consumido por mí mismo y tu no hacías nada
por mí, viejo Lezama, estás ya viejo, pero te guío por estos
sitios
Vívian solía aparecer desnuda con sus enormes muslos de cedro
y mira acá esta foto: es Jericó devastada por el mal uso de los sebos,
por la droga, las flores de plástico
y sal un poco de tus paginas, de esos aires, Lezama, sé que el asma
es tu paraíso
pero comparando nuestros árboles, nuestra sana manera de
tendemos en la yerba
yo habito mas que el infierno
y debo caminar pudriéndome por quedar bien contigo mientras
vamos paseando por Tacora
entre prostitutas y ladrones
que no logran robarnos nada porque nada tenemos pero tenemos
hambre y comemos ciruelas
y corremos fugándonos sin cancelar la cuenta
y otra vez estamos en la plaza San Martín frente al caballo inmovilizado
por las cámaras de los turistas
sin saber dónde ir ni qué ómnibus tomar
sin saber cómo ni cuándo apareciste en Lima sorpresivamente como
esas pocas lluvias que llegan para lavamos de la duda
y ahora estamos contigo en el café Palermo
ahora ya puedo decir que tus palabras huelen a manzano y los
manzanos son gente sencilla que ignora el uso de la palabra
gente que ignora el mal uso de la palabra
ahora sé que nada se perdió
y aprendí que el verso más claro está garabateado sobre la pared
de los baños
y voy recitándolo con voz sonora en medio de la calle
mientras me alejo y llevo a Lezama prendido como un laurel sobre
el ojal de mi camisa
yo no quiero brillar con esa intensidad de aviso Phillips
yo tengo un brillo en las pupilas
tan claro como el verso más claro que ahora voy gritando por estas
páginas sórdidas
y somos arrojados uno al lado de otro sobre esta gran ciudad caminan
un par de iguanas
reptando y comiéndose la luna
uno más joven que el otro
uno más flaco y pálido y callado y con las alas cortadas por la
rutina de estar continuamente dando batallas a la rutina
dando vueltas
y más vueltas encima de los cables
otra vez solo
sin nadie con quien cruzar unas palabras, una idea,
y los ojos están ardiéndote,
todo lo que miras es alcanzado por el fuego,
como en la hora del Juicio Final,
he llegado a mí después de haber gritado en las praderas porque
todos huían de ti pero ya tu habías huído de todos
y el corazón te quema más que un buen vaso de brandy en el
estómago
más que todos los fogones ardiendo juntos de noche sobre los campos,
el corazón es mi palabra y más que mi palabra soy yo ardiendo de
noche sobre los corazones que aún no han conocido el amor
y están desesperados gimiendo arrancándose los cabellos.

 

EN EL VIEJO LIBRO DE LOS CUENTOS DE HADAS

Volviste a mostrarte como cuando tenías 18 años.
Entonces querías tocar a la pureza como esas doncellas
que vos veías maquillarse en los programas de TV
o en las imágenes desnudas de los calendarios.
Y vos estabas paseando como Julieta en brazos de Romeo
por las esquinas del colegio secundario.
Cantabas sonreías con tus-cosas-de-mujer-evitando-dar-el
mal-paso y el amor
como una dalia recién bordada en la pretina.
Pero tú continuabas sorbiendo bebiendo habitando tu
paisaje delicioso del viejo libro de los cuentos de hadas
y nada veías más allá de lo que son las mil y una noches
«purpúreas rosas sobre Galatea / la alba entre lirios
cándidos deshoja:» y fluían serenamente
en tu sueño las aguas del encanto:
la realidad contrapuesta a tu manera de ver
esa misma realidad: pantalla donde los hechos
iban tergiversándose enredándose perdiéndose
como una barca en la tormenta
y la bruma de estos años no hizo más cosa que corroer tu mirada
y a los 20 conseguiste trabajo y un hijo
y otro hijo y lavaste pañales
y diariamente de 6 a 9 p.m. recibías entregabas libros
guiabas lectores por la Biblioteca / guerras
cataclismos / temblores / peligro nuclear:
eso fue el inicio del tiempo más sanguinario 1960-1970: madre
soltera abandonada pateada
y el encanto desintegrándose
como una bombarda de fuegos artificiales en tu cielo.
Y esto es la realidad – una verdad insertada como una flor
sobre la calentura de tus senos.
El tiempo la raíz del tiempo fue hartándose.
«Huye la Ninfa bella… / a Polifemo, horror de aquella sierra.»
Diez años con la misma cosa con el mismo sonsonete
de no ir para ninguna parte
y los hijos van creciendo
pero el sueldo ya no crece
y quieres venirte a Lima y trabajar en lo que sea
a Lima a Cartago a Gomorra a Babilonia a Roma
«Oh mundo!, pues que nos matas»
estás solita aquí frente a mí hablándome de esto
y de todo
hablando a este muchacho «que ya soy otro segundo /
Lazarillo de Tormes en Castilla» en Esparta
y ya no puede hacer nada por ti
solo entregarte mi gran soledad y estos panfletos rebeldes
y mi pecho desnudo ahora que lloras
y es lo más puro que hago por ti
y te dije me voy me alejo
en busca de mi Yo integral
con mi mochila cargada con furor y con versos
porque los libros siempre hasta ahora han hablado
cosas buenas y hermosas de la vida – y la vida
no es los libros
la vida brota lejos de los libros.
Ya no interesa pues que una verdad sea dulce o amarga.
En estos tiempos toda verdad es necesaria.
Ahora ya sabes que no eres Alicia en el País de las Maravillas
sino Marta azotada por luces de neón
traiciones horario de trabajo.
Marta temblando gritando bebiendo calmantes
perdida en estas cavernas de Altamira.

 

PARA MARÍA LUISA ROJAS DE PELÁEZ
MUERTA EL 21 DE AGOSTO DE 1969 EN CAÑETE
DONDE MORAN A LAS CINCO DE LA MAÑANA EN EL ESTANQUE LOS ÁNGELES DE JERICÓ

Ya puse estos versos como ramas de olivo sobre tu tumba oh mi
abuela y me tendrás aquí
para siempre – gritando, dando alaridos, llamándote, prosternado
a tus maneras,
levantándome, maldiciendo a pesar de las prohibiciones y de que no
debo hablar con locos
o pillar frutas en los mercados.

Estaré silencioso estos días como cuando hacia las 4 de la tarde
cogías tu alfombra
para continuar tejiéndola con yerbas y ángeles de Jericó y rojos y
verdes y dorados.
No fumaré ni saldré ahora a caminar con Mario hablando de Marx
de la victoria.
Llegué hasta la tumba donde duermes y duerme una parte de mis
años, de mi sueño
y permanezco como brasa bajo la lluvia o bajo el jazz de las discotecas
escuchando cantar a Odetta.
meciéndome como la brisa como un murmullo de mariposas sobre
mis rodillas,
sobre mi soledad.
Y no quiero estar solitario, no quiero ni puedo.
Tú viajas junto a mí a mi lado y soy la yerba por donde vas caminando
sin que se noten tus ojos y tu canto
– en el patio deliro conversando con lo que eran tus pasos trazados
sobre la noche
como por la constelación de mis labios sobre la frialdad del vidrio
que daba a tu rostro en el ataúd.
y eso era todo o casi todo; yo volando por la ciudad con mis juguetes,
enardecido como un ángel, con mis palabras de ángel.
Vi cómo t despediste de mí por última vez aquel día de agosto
en Tigre cuando te trajeron a Lima a Neoplásicas y yo recién tanteaba
mi ingreso en la universidad que ahora desprecio.
Toda la mañana de aquel día viajé en ómnibus, sudando, abochornado,
desmayándome en los semáforos,
con una sensación de muerte en los labios, con el llanto.
Y eso era todo o casi todo, o nada.
Llegué hasta tu tumba cruzando amplios jardines – perdido entre
otras tumbas
y chocándome a cada instante con viejos conocidos de cabellos de
neón – amigos suicidas
– parientes parientes venidos a menos después de la lluvia – devorando
frutas y palabras extrañas en los manicomios,
en el fondo de cuartos que ya nadie recuerda.
Este es Jarry que retorna a tu álbum de recuerdos, a tu gusto;
cargado de soledad
y sin sentido, hablando de cosas ininteligibles, blasfemando
– recíbeme abuelita soy yo el más engreído.

Agitaste tu mano desde dentro del automóvil, tu último saludo
para mí – adiós al nieto que más querías
y a quien continuaste lavándole pañuelos y camisas aún cuando ya
te sentías enferma
a 28 días de tu muerte y mírame colgado en la percha en la sala
junto al estante de libros
entre la yerba y los ángeles de Jericó.
Hoy me levanté temprano y corrí a saludarte porque también toda
palabra es un parque de sueños
y aquí estoy para siempre a tu lado, como las ramas de olivo que
te puse ayer en la tumba.

 

 


*Foto: Noelia López

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